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El Problema Nacional de Puerto Rico: Revista Mercurio, Barcelona (1914)

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El Problema Nacional de Puerto Rico:
Mercurio, Barcelona, Año XIV, #194, 01/22/1914 
(Comentarios nuestros en Verde)

 

La situación de Puerto Rico es verdaderamente trágica; en tiempos de España era el pueblo más feliz de la tierra, por su riqueza y por su bienestar, ya que si bien sentía la inquietud de la autonomía, la dominación de España no le pesaba en forma de tiranía ni con la pena que produce el imperio de un pueblo extraño a la raza, a la religión y al idioma.

Puerto Rico, con ser española en aquellos aciagos momentos de la guerra hispanoyanki, tuvo fatalmente que someterse a la soberanía de los Estados Unidos. Aun cuando hubiese re­sistido heroicamente el sacrificio, hubiera sido estéril.

El Problema Nacional de Puerto Rico: Mercurio, Barcelona, Año XIV, #194, 01/22/1914

Por el artículo 2.0 del Tratado de París, que finalizó la guerra mal llamada hispanoamericana, España cedió a los Es­tados Unidos la isla de Puerto Rico, consignando en el artícu­lo 9.0, del propio Tratado, que los derechos civiles y la  condición política de los habitantes naturales de los territorios cedidos a los Estados Unidos se determinarían por el Congreso.

El Congreso de los Estados Unidos, en ejercicio de la po­testad que le otorgó el Tratado de París, decretó una ley para proveer temporalmente de rentas y de gobierno civil a la isla de Puerto Rico, aprobada por el Presidente en 12 de abril de 1900.

En su artículo 2.0 declara que los habitantes de Puerto Rico, que eran súbditos españoles el día 11 de abril de 1899, y sus hijos con posterioridad nacidos allí, serán tenidos por ciudadanos de Puerto Rico, y, como tales, con derecho a la protección de los Estados Unidos, excepto los que hubiesen optado por conservar su fidelidad a la corona de España. (Tal «Protección» no Sucedió, en su lugar hubo atropellos, abusos, violaciones a los derechos humanos de los puertorriqueños, empobrecimiento generalizado, hambre e incontables muertes por inanición)

En otros artículos se establece la capital en San Juan, se provee el nombramiento de un Gobernador, se instituye un Tribunal Supremo y se crean seis departamentos ejecutivos, organizando, en suma, el Gobierno de Puerto Rico.

El Gobierno de los Estados Unidos pudo anexionarse Puerto Rico, y no lo hizo; estuvo en su facultad proclamar a los puertorriqueños ciudadanos de los Estados Unidos, y no quiso hacerlo. En apariencia prefirió levantar una nueva  nación en  el Mar de las Antillas, próxima a la República de Cuba, que es como su hermana mayor. (Las discusiones políticas en el Congreso dieron luz a que a Puerto Rico nunca se le permitiría la anexión, 122 años más tarde no es ni tan siquiera Territorio Incorporado)

En derecho público moderno, ciudadanía y soberanía son conceptos recíprocos e inseparables, siendo la soberanía el poder que emana de la ciudadanía y esta la única fuente de soberanía. con estas palabras quiere evidenciar don José De Diego, Presidente de la Cámara de Delegados de Puerto Rico, para las conferencias de Lake Mohouk de 1913, que los Estados Unidos, al dictar la ley orgánica de Puerto Rico, partió, no de un concepto de colonia ni de un territorio, sino de un cuerpo político distanciado de la Unión Federal con soberanía propia. (La Cámara de Delegados era más un cuerpo simbólico ya que no ostentaba verdaderos poderes, el mismo estuvo a manos de los invasores estadounidenses)

Desgraciadamente, esta soberanía viene tan falseada por efecto del protectorado, que muchas colonias, por ejemplo la Nueva Zelandia, sometidas a la soberanía de la Metrópoli, gozan en su régimen interno de una autonomía que bien pudiera envidiar Puerto Rico. (En el 1914 no hubo tal cosa como una soberanía para Puerto Rico sino un traspaso de la administración militar estadounidense a la civil)

Hemos leído con emoción intensa el discurso patriótico de José de Diego, el antiguo estudiante de la Universidad de Barcelona, y compadecemos a ese pueblo tan querido de España que, al adquirir ilusoria soberanía, vióse sometido a un pro­tectorado tan absorbente que, según expresión del citado Die­go, desconoce la personalidad, abate la dignidad y destruye la libertad del pueblo puertorriqueño. (Puerto Rico adquirió de España la soberanía a la que la inmensa mayoría de puertorriqueños aspiraba, la autonomía)

Aquellos insulares, al dejar de ser españoles, se han encontrado con que no son norteamericanos ni tienen, en realidad, patria propia, ya que en el extranjero tiene que recurrir a los buenos oficios de los cónsules norteamericanos a guisa de protegidos. (Efectivamente los puertorriqueños en la práctica no eran ciudadanos de ningún lugar, incluso en el mismo EEUU éramos considerados ilegales, hasta en el territorio incorporado de Hawaii éramos tratados como migrantes extranjeros y discriminados)

Yo no sé por qué los Estados Unidos han desdeñado de esta manera al pueblo de Puerto Rico, tan alejado de las rebeldías y revoluciones que hacen temible el ejercicio de la soberanía. Algunos atribuyen su repulsión a la circunstancia de tener Puerto Rico en su población un promedio superior de negros al de los Estados Unidos, nación que siente en su seno con fiera pesadumbre el agobio de la sangre africana. (Es HARTO conocido el enorme nivel de racismo en la sociedad estadounidense, más abierto en aquella época)


“Los americanos tienen la creencia de que todos los Portorriqueños somos negros y esta es una de las causas principales que contribuyen a que no se nos reconozcan todos nuestros derechos y a que se nos crea inferiores.

El día que se acabe de convencer de esto por una manifestación nuestra, por confesión propia, se quitarán el disfraz y nos tratarán como animales que es como ellos consideran a los negros.”

Licenciado Félix Córdova Dávila: Comisionado Residente de Puerto Rico en Washington.
Carta al Senador Antonio R. Barceló, 22 de noviembre de 1917
La Obra de Félix Córdova Dávila, Vol.II,
Correspondencia Política Félix Córdova Dávila y Antonio R. Barceló (1917-1921)
Oficina del Historiador Oficial
Asamblea Legislativa de Puerto Rico, San Juan, 2008, p.204


Es lo cierto que los puertorriqueños se quejan airados de la opresión que sufren, protestando de la política incierta y oscura que ha llenado de dolor y de rebeldía a su país, haciendo nuestras las frases de José de Diego. (Fué bajo EEUU que se dieron las verdaderas luchas de «independencia» para la Isla, Grito de Jayuya 1950)

Ante esta situación insostenible, en el derecho público americano, como en el derecho internacional, el ilustre orador puertorriqueño señala dos caminos conducentes al término del problema: el ingreso de Puerto Rico como un Estado de la Unión o la constitución de Puerto Rico como un Estado independiente. (Anticipando la debacle del anexionismo, el independentismo procura astutamente, manipular la historia, glorificar al Grito de Lares el cual fué más bien una escaramuza organizada por extranjeros, despreciando el nivel, alcance, relevancia e importancia REALES del Grito de Jayuya de 1950, relegándolo al olvido)

«Las Colonias NO se tienen para hacer Caridad.
EE. UU. NO Procuró el Bienestar
de los Puertorriqueños
al Invadir la Provincia de Puerto Rico, sino el Suyo»

El Negocio Ante Todo

Pensar – añade- en una fórmula ambigua de  Gobierno propio para Puerto Rico, bajo la soberanía de los Estados Uni­dos, organizando un régimen como el del Canadá, es imaginar algo que pugna con el espíritu de la constitución americana, incompatible con toda idea de dominio colonial. Los Esta­dos Unidos – afirma bellamente Diego, – no pueden realizar en Puerto Rico lo que no permitirían que ejecutase ninguna nación del orbe en parte alguna del hemisferio americano. (TODA propuesta de fórmula de estatus que alegue estar fuera de la Cláusula Territorial de la Constitución de EEUU, en unión a EEUU, es una falsedad e incompatible con el modelo constitucional estadounidense)

Con cuanta simpatía veríamos la realización de esos sueños de independencia, que serán cada vez más pujantes, y con cuánta tristeza hemos de ver, si llega, la anexión de Puerto Rico a los Estados Unidos, que será la lenta desaparición de un pedazo de tierra que conserva aún la fisonomía española. Entonces se centuplicaría la fuerza extirpadora de esos funcionarios que, al decir de Diego, envían los Estados Unidos para legislar y administrar, ciegos para la visión psicológica de aquella isla, sordos y mudos para su lenguaje, desconocedores del carácter, de las costumbres, y, en sínte­sis, del alma de los puertorriqueños.(Puerto Rico NUNCA quiso la independencia de España, sí hubo un movimiento fuerte de independencia anti EEUU pero fué abatido violentamente)

En disculpa de los sufrimientos patrióticos de Puerto Rico, tan sólo puede alegar los Estados Unidos que han contribuido a aumentar su riqueza, pero esto ha sido a costa del alma y de la libertad. (En el 1914 y con toda certeza, EEUU tan sólo podía ALEGAR haber contribuído a la riqueza de Puerto Rico, la realidad fué el enriquecimiento estadounidense a costa del empobrecimiento de todos los puertorriqueños)

Federico Rahola, 1914.


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