Puerto Rico: ¿Una Isla sin Historia? (1959)

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Puerto Rico: ¿Una Isla sin Historia?
Revista Artes y Letras (oct.-nov.- dic. 1959)

A muchos he oído decir, en son de queja, que Puerto Rico no tiene historia. Entiendo que han querido decir que en esta Isla no ha sucedido nada de mucha importancia, nada digno de relatar, en sus cuatro siglos y medio de existencia, en comparación con los hechos de otras naciones más importantes, pues no pueden querer decir que aquí no ha sucedido nada en tan largo período de tiempo y, menos, que no deban los puertorriqueños tener interés en lo que haya sucedido ni tomarlo en cuenta para decidir sobre su futuro, pues es evidente que suficiente ha tenido que suceder en esta ínsula para que hoy, con sus tres millones de habitantes, con su posición estratégica, con su parentesco con continente y medio de iberoamericanos, tenga su peso en la política del coloso norteamericano, la mencione en sus ataques el coloso ruso, estén pendientes de lo que en ella suceda las naciones hermanas y siga ocupando en las afecciones de España el sitio privilegiado que siempre ocupara en el pasado.

Cuando otros dicen en son de alabanza que Puerto Rico no tiene historia entiendo perfectamente lo que quieren decir y comprendo la razón que les asiste. Dice Menéndez y Pelayo: “La pequeña y pobladísima isla de Borínquen, cuya tranquila prosperidad en los tiempos modernos contrasta con el infelicísimo destino de Santo Domingo, pertenece al número de aquellos pueblos afortunados de quienes puede decirse que no tienen historia” (Historia de la poesía Hispano-Americana, Madrid, 1911, cap. V). Ya se ha dicho muchas veces que los pueblos felices no tienen historia, que es lo que quiere decir el ilustre sabio cuando alude a nuestra Isla. Porque no tener historia y ser felices significa en ese caso, sencillamente, haberse visto libre de toda clase de violencia y, principalmente, de la que acarrean guerras civiles y revoluciones armadas. No tener historia es no tener en la suya hechos de sangre colectivos. En este sentido no hay duda de que Puerto Rico no tiene historia y ha sido feliz pues, único entre todos los pueblos del Nuevo Mundo y aún entre todos los del mundo que le sean comparables, no había tenido Puerto Rico en la época en que escribía Menéndez y Pelayo una sola revolución, una sola guerra civil, un solo levantamiento de negros de alguna consideración. No había peleado ni contra la Madre Patria como lo hicieron a muerte las otras naciones españolas de América, ni contra éstas mismas. Esta es precisamente una de las cosas peculiares, una de las cosas grandes, de esta Isla, con lo cual ya puede ir viendo el lector que sí tenemos historia, y sumamente interesante, aunque no abunde en hechos de sangre. En tales casos se dice que un pueblo es feliz porque, aunque haya tenido otras causas de pena, ha evitado la mayor de todas, que es la guerra. Es claro que, en tal caso, no se consideran hechos de su historia las invasiones de que ha sido víctima un pueblo pacífico. La violencia, en ese caso, no siendo iniciativa suya, no es tampoco parte de su historia sino de la del invasor.



Lealtad y Heroísmo en la Isla de Puerto Rico 1787-1897

Sólo en tal sentido es que Puerto Rico no ha tenido historia. Entonces sólo puede querer decir el que nos la quita, como ya dije, que no hemos tenido acontecimientos dignos de compararse con las naciones más grandes, dignos de relatarse. Dígase entonces que tenemos una historia, como todo lo nuestro, de tono o interés menor, pero no que no tengamos historia. Y aún esto del tono menor depende de las premisas, del punto de vista y de muchísimas otras cosas, entre ellas, de quién es el que la estudia. Esa historia –menor si se quiere– es toda la historia que tenemos y para nosotros los puertorriqueños no puede ser desdeñable, por poca que sea.


Crónica de la Guerra Hispanoamericana en Puerto Rico (1922) 

Ahora bien, lo interesante es que nuestra historia no es tan menor como se dice o, por lo menos, no es tan falta de interés como se pudiera creer. Voy a hacer una comparación y la voy a hacer porque da la casualidad que en nuestro escudo tenemos el cordero: un hombre débil y pobre, hijo de un carpintero, murió en la cruz por evitar la violencia, precisamente, por enseñar al hombre a evitarla; este hombre no dirigió ejércitos ni atacó naciones ni defendió con la fuerza la suya ni es héroe en su patria. Este hombre, real o no –eso no importa–, tiene la historia más grande y más interesante del mundo, historia que ha ejercido la más poderosa influencia en la historia de Occidente y que es tema eterno de la literatura y el arte. Si Él tiene historia, también la tiene la Isla que lo lleva en su escudo.


AGNUS DEI: EL CORDERO DE DIOS Símbolo Protagonista en el Escudo de Puerto Rico, otorgado por la Monarquía Católica Española en 1511, tras la muerte de la Reina Ysabel I de Castilla en el 1504. El escudo, que ostenta el Agnus Dei, fue otorgado por Fernando II de Aragon y su hija Juana I de Castilla a la Isla San Juan Bautista (Puerto Rico). El Cordero de Dios en el arte cristiano del periodo paleocristiano y medieval es algo más que un simple animal, pues representa simbólicamente a Jesucristo. Evangelio de San Juan Bautista El título «Cordero de Dios» para Jesús aparece en el Evangelio de Juan, con la proclamación inicial «He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo» en Juan 1,29, siendo reafirmado al día siguiente en Juan 1,36. Este uso del título «Cordero de Dios» tiene lugar en presencia de los dos primeros apóstoles de Jesús. Así mismo, durante la Edad Media la imagen de Jesucristo resucitado tenía la apariencia de un cordero. No hay que olvidar, por otra parte, que en los textos sagrados del judaísmo un cordero es sacrificado durante la Pascua Judía. Si bien el cordero es una de las formas para representar a Jesucristo, al mismo tiempo representa el concepto de virtud, pues se trata de un animal manso y esta característica hace que sirva como modelo idóneo de lo que debería ser el ser humano con respecto a Dios, es decir, alguien humilde que se deja guiar por el Creador.

Pero aún esta comparación no es ni necesaria ni siquiera enteramente aplicable, pues hubo un tiempo en que, no ya Puerto Rico entonces Isla de San Juan, sino la misma islilla de la Mona, sonaba ella sola más que las colonias inglesas en el Nuevo Mundo. Era entonces la Isla escala obligatoria en el viaje de Europa a América y por su posición oriental más cercana a Europa “aquí se estrellaban primeramente los ímpetus belicosos de las naciones enemigas”, como dice Cuesta Mendoza. Figuraba entonces Puerto Rico en toda relación de viaje europeo, bélico o no, y figuraba siempre también la Isla de la Mona. Esto fue así por espacio de un siglo, en el curso del cual sufrió la Isla crueles ataques de caribes, franceses, holandeses, ingleses, y, de dos pueblos que entonces tenía, a cada rato le destruían uno. Así y todo, fue nuestro primer obispo que vino a América y el primer corregidor de Indios; aquí se celebró el primer juicio de residencia y fueron nuestros los primeros plateros que ejercieron su profesión en el Nuevo Mundo. Y fue nuestro un gran capitán, tan grande como el que más, aquel que desde aquí salió a descubrir la fuente de la juventud. Y en el siglo XVII sufrió aplastante derrota aquí una potente armada holandesa, cuando sólo treinta años antes la había sufrido igual una no menos potente escuadra inglesa cuyos jefes, memorables por sus crueldades pero ennoblecidos por sus reyes, los ingleses Hawkins y Drake, habían perdido aquí cerca la vida en su inútil afán de sojuzgar una isla que nunca, hasta el año infausto de 1898, fue ocupada por nación extraña alguna, tal fue el tesón de sus heroicos habitantes y tal la eficaz ayuda de la Madre Patria. Y en el siglo siguiente, en el año 1797, fue aquí también que fracasó una imponente armada inglesa, al mando de Abercromby.


https://issuu.com/adelantereunificacionistas/docs/una-campana-parlamentaria–coleccion-de-proposicio

Una Campaña Parlamentaria: Diputación Radical de Puerto Rico (1874)

Y en siglo XIX esta Isla de la gran batalla de la Abolición y la gana prácticamente sola. Dicen entonces en España de nuestros capitanes de la pluma y la palabra: “Hasta hoy España gobernaba a Puerto Rico. Hoy han cambiado los términos: Puerto Rico manda en España”. “Diez hombres unidos nos dominan y son árbitros de la suerte de España”. De estos hombres dice don Emilio Castelar que “dieron un dictamen que será su honra, su gloria, dictamen que el porvenir colocará junto a la declaración de derechos del hombre en el 4 de agosto de 1789”. Y unos hombres de esta Isla, pocos y sin medios, alzan las armas en este mismo siglo contra la nación más potente del mundo y asaltan solos, en Washington, la propia Cámara de Representantes de la nación. Esto es historia y es historia interesante. Decir que Puerto Rico no la tiene es decir que no la tiene tampoco la isla de Creta o Candía, isla cuya existencia misma y no ya sólo la historia, ignora la mayor parte de los puertorriqueños. Que por ser pequeña se ignore hoy hasta su nombre en ciertos países y en otros apenas se acuerden de ella, de ningún modo borra los grandes hechos de una historia larguísima. Y lo mismo se aplica a Puerto Rico.


Artes y Letras (oct.-nov.- dic. 1959

Quien quiera que su país suene por sus actos de violencia podrá decir que éste no tiene historia; quien completamente ganado a las doctrinas de Cristo y a los ideales occidentales de paz, piedad, fraternidad, ciencia, ideales que nos vienen de Grecia, ella misma pequeñísima en extensión territorial, quien no desee la violencia ni la considere única fuente de gloria y de valor, encontrará no solamente hechos históricos interesantes, sino que verá en esta Isla la primera quizá que haya puesto en práctica la cabalidad y hasta donde se lo hayan permitido las naciones más “grandes”, los grandes ideales del occidente cristiano.

Que un país tenga historia o no, depende en gran parte de que tenga historiadores, hombres que busquen los hechos y los interpreten desde puntos de vista apropiados. Y si se ha dicho que Puerto Rico no tiene historia es en parte porque no tenemos suficientes de esos hombres.


#Reunificacionistas #Adelante #PRexit
🇵🇷🇪🇸🇪🇺 Puerto Rico / España / Unión Europea
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Lorem fistrum por la gloria de mi madre esse jarl aliqua llevame al sircoo. De la pradera ullamco qué dise usteer está la cosa muy malar.


Lealtad y Heroísmo en la Isla de Puerto Rico 1787-1897

Sólo en tal sentido es que Puerto Rico no ha tenido historia. Entonces sólo puede querer decir el que nos la quita, como ya dije, que no hemos tenido acontecimientos dignos de compararse con las naciones más grandes, dignos de relatarse. Dígase entonces que tenemos una historia, como todo lo nuestro, de tono o interés menor, pero no que no tengamos historia. Y aún esto del tono menor depende de las premisas, del punto de vista y de muchísimas otras cosas, entre ellas, de quién es el que la estudia. Esa historia –menor si se quiere– es toda la historia que tenemos y para nosotros los puertorriqueños no puede ser desdeñable, por poca que sea.


Crónica de la Guerra Hispanoamericana en Puerto Rico (1922) 

Ahora bien, lo interesante es que nuestra historia no es tan menor como se dice o, por lo menos, no es tan falta de interés como se pudiera creer. Voy a hacer una comparación y la voy a hacer porque da la casualidad que en nuestro escudo tenemos el cordero: un hombre débil y pobre, hijo de un carpintero, murió en la cruz por evitar la violencia, precisamente, por enseñar al hombre a evitarla; este hombre no dirigió ejércitos ni atacó naciones ni defendió con la fuerza la suya ni es héroe en su patria. Este hombre, real o no –eso no importa–, tiene la historia más grande y más interesante del mundo, historia que ha ejercido la más poderosa influencia en la historia de Occidente y que es tema eterno de la literatura y el arte. Si Él tiene historia, también la tiene la Isla que lo lleva en su escudo.


AGNUS DEI: EL CORDERO DE DIOS Símbolo Protagonista en el Escudo de Puerto Rico, otorgado por la Monarquía Católica Española en 1511, tras la muerte de la Reina Ysabel I de Castilla en el 1504. El escudo, que ostenta el Agnus Dei, fue otorgado por Fernando II de Aragon y su hija Juana I de Castilla a la Isla San Juan Bautista (Puerto Rico). El Cordero de Dios en el arte cristiano del periodo paleocristiano y medieval es algo más que un simple animal, pues representa simbólicamente a Jesucristo. Evangelio de San Juan Bautista El título «Cordero de Dios» para Jesús aparece en el Evangelio de Juan, con la proclamación inicial «He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo» en Juan 1,29, siendo reafirmado al día siguiente en Juan 1,36. Este uso del título «Cordero de Dios» tiene lugar en presencia de los dos primeros apóstoles de Jesús. Así mismo, durante la Edad Media la imagen de Jesucristo resucitado tenía la apariencia de un cordero. No hay que olvidar, por otra parte, que en los textos sagrados del judaísmo un cordero es sacrificado durante la Pascua Judía. Si bien el cordero es una de las formas para representar a Jesucristo, al mismo tiempo representa el concepto de virtud, pues se trata de un animal manso y esta característica hace que sirva como modelo idóneo de lo que debería ser el ser humano con respecto a Dios, es decir, alguien humilde que se deja guiar por el Creador.

Pero aún esta comparación no es ni necesaria ni siquiera enteramente aplicable, pues hubo un tiempo en que, no ya Puerto Rico entonces Isla de San Juan, sino la misma islilla de la Mona, sonaba ella sola más que las colonias inglesas en el Nuevo Mundo. Era entonces la Isla escala obligatoria en el viaje de Europa a América y por su posición oriental más cercana a Europa “aquí se estrellaban primeramente los ímpetus belicosos de las naciones enemigas”, como dice Cuesta Mendoza. Figuraba entonces Puerto Rico en toda relación de viaje europeo, bélico o no, y figuraba siempre también la Isla de la Mona. Esto fue así por espacio de un siglo, en el curso del cual sufrió la Isla crueles ataques de caribes, franceses, holandeses, ingleses, y, de dos pueblos que entonces tenía, a cada rato le destruían uno. Así y todo, fue nuestro primer obispo que vino a América y el primer corregidor de Indios; aquí se celebró el primer juicio de residencia y fueron nuestros los primeros plateros que ejercieron su profesión en el Nuevo Mundo. Y fue nuestro un gran capitán, tan grande como el que más, aquel que desde aquí salió a descubrir la fuente de la juventud. Y en el siglo XVII sufrió aplastante derrota aquí una potente armada holandesa, cuando sólo treinta años antes la había sufrido igual una no menos potente escuadra inglesa cuyos jefes, memorables por sus crueldades pero ennoblecidos por sus reyes, los ingleses Hawkins y Drake, habían perdido aquí cerca la vida en su inútil afán de sojuzgar una isla que nunca, hasta el año infausto de 1898, fue ocupada por nación extraña alguna, tal fue el tesón de sus heroicos habitantes y tal la eficaz ayuda de la Madre Patria. Y en el siglo siguiente, en el año 1797, fue aquí también que fracasó una imponente armada inglesa, al mando de Abercromby.


Y en siglo XIX esta Isla de la gran batalla de la Abolición y la gana prácticamente sola. Dicen entonces en España de nuestros capitanes de la pluma y la palabra: “Hasta hoy España gobernaba a Puerto Rico. Hoy han cambiado los términos: Puerto Rico manda en España”. “Diez hombres unidos nos dominan y son árbitros de la suerte de España”. De estos hombres dice don Emilio Castelar que “dieron un dictamen que será su honra, su gloria, dictamen que el porvenir colocará junto a la declaración de derechos del hombre en el 4 de agosto de 1789”. Y unos hombres de esta Isla, pocos y sin medios, alzan las armas en este mismo siglo contra la nación más potente del mundo y asaltan solos, en Washington, la propia Cámara de Representantes de la nación. Esto es historia y es historia interesante. Decir que Puerto Rico no la tiene es decir que no la tiene tampoco la isla de Creta o Candía, isla cuya existencia misma y no ya sólo la historia, ignora la mayor parte de los puertorriqueños. Que por ser pequeña se ignore hoy hasta su nombre en ciertos países y en otros apenas se acuerden de ella, de ningún modo borra los grandes hechos de una historia larguísima. Y lo mismo se aplica a Puerto Rico.


Artes y Letras (oct.-nov.- dic. 1959

Quien quiera que su país suene por sus actos de violencia podrá decir que éste no tiene historia; quien completamente ganado a las doctrinas de Cristo y a los ideales occidentales de paz, piedad, fraternidad, ciencia, ideales que nos vienen de Grecia, ella misma pequeñísima en extensión territorial, quien no desee la violencia ni la considere única fuente de gloria y de valor, encontrará no solamente hechos históricos interesantes, sino que verá en esta Isla la primera quizá que haya puesto en práctica la cabalidad y hasta donde se lo hayan permitido las naciones más “grandes”, los grandes ideales del occidente cristiano.

Que un país tenga historia o no, depende en gran parte de que tenga historiadores, hombres que busquen los hechos y los interpreten desde puntos de vista apropiados. Y si se ha dicho que Puerto Rico no tiene historia es en parte porque no tenemos suficientes de esos hombres.


#Reunificacionistas #Adelante #PRexit
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