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La Mujer de Indias en el Siglo XVI

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La historia de la mujer de Indias está por hacer.

Ha existido hasta ahora una injusticia historiográfica para con la mujer pobladora que ya es tiempo de reparar… La mujer pobladora es tan poco tenida en cuenta que ni siquiera se sabe cuándo se integra a la ciudad recién fundada, si está desde la primera hora, cuándo y con quién llegó. Duele e indigna que las mujeres y los niños sean mencionados sólo en las catástrofes.

Enriqueta Vila, en su discurso de ingreso en la Real Academia Sevillana de Buenas Letras, se ocupó del estado de la historia de la mujer, sobre todo de la mujer sevillana, que ella llama americana: “Hasta hace pocos años, la literatura que se ocupaba de la mujer tendía a mostrarla como víctima pasiva de una sociedad dominada y sojuzgada por el género masculino. Y es que el modelo transmitido era el de los escritores y moralistas de los siglos XVI y XVII, sobre todo Fray Luis de León… La Historiografía más reciente reconoce, por fin, que estas actividades femeninas en modo alguno quedaron limitadas, sino que revertían a la sociedad; y orienta sus investigaciones hacia los fenómenos de masas y actitudes mentales de la colectividad”. A continuación insiste en la fuente principal para la historia femenina: los protocolos notariales, que demuestran “la presencia de las mujeres en cualquier actividad de Sevilla: Resulta llamativo echar un vistazo a los Catálogos de los fondos del Archivo de Protocolos, el porcentaje de mujeres que intervienen en transacciones de todo tipo. Aproximadamente un 7% de las escrituras son generadas por ellas, en su papel de viudas o hijas, pero también actuando en nombre del marido, ausente en Indias, como receptoras de rentas y metales, como prestamistas, como integrantes de compañías comerciales, como dueñas de naos, etc… Mary Elizabeth Perry, profesora norteamericana especializada en algunos aspectos de la vida femenina en la Sevilla del Siglo de Oro, relata numerosos casos en que una serie de mujeres son protagonistas de escrituras, la mayoría relacionadas con Indias, actuando en todos los sectores económicos”.

También en [Hispanoamérica] los fondos notariales han sido la fuente de trabajos sobre la mujer, por ejemplo, James Lockhart en su capítulo sobre las mujeres de Lima, en 1968; Elinor Burkett sobre las mujeres de Arequipa, en 1975, y sobre la mujer india y la sociedad blanca en Perú en el siglo XVI; Ida Altman sobre las mujeres de Puebla, en 1977. Hacen falta más Catálogos de Fondos Notariales como el de México, 1524-1528, 1536- 1538 y 1551-1553, que contienen muchas mujeres y que no han sido aprovechados satisfactoriamente.

Pero los protocolos notariales no son la fuente única para un moderno tratamiento de la materia [más profundo]. Esto sólo lo pueden conseguir fuentes de carácter íntimo y, en primer lugar, cartas privadas.

Así, Juana Bautista escribe desde México a su hermana Mariana de Santillán, en Sevilla, el 18 de marzo de 1572, que se venga con su marido, y al no venir le escribe de nuevo dos años más tarde, el 21 de febrero de 1574:

En verdad que ha sido tanto el enojo que con él he tenido, que ni lo he visto de mis ojos ni lo pienso ver, si no fuere por alguna desdicha, porque cuanto los hombres se han de ofrecer a hacer alguna cosa lo han de hacer, o no ofrecerse a ello, aunque toda la culpa de ello no la tiene sino ella y su marido, porque no se habían de creer de ligero, que, pues que traspasaran la casa, bien pudieran buscar licencia en Sevilla para con que se vinieran, y no gastar los dineros en profanidades, sino trabajar las gentes, porque se ganan los dineros con mucho trabajo así acá como allá. Yo creo que, aunque os envíe muchos dineros, no os podéis aviar, porque dicen que vuestro marido es amigo de traer galas, y de trabajar poco, porque en estas tierras no ganan dineros sino quien lo trabaje muy trabajado, cuanto más allá, que tan delgadas están las cosas en esta tierra como en ésa. Al fin, un año después, Giraldo Hernández obtiene licencia para pasar con su mujer e hijos junto a su cuñada rica (nota 10).

 

La mujer de Indias tenía compasión con la mujer viuda en la patria, y así Doña Ana Ruiz escribió a su prima Catalina de Pisa, en Almagro, desde México:

Porque yo he sabido que vuestra merced enviudó y quedó con necesidad y trabajo, y, pesándome y condoliéndome de su soledad de vuestra merced, señora prima de mi alma, y mi prima se lo ha escrito a vuestra merced otras dos o tres veces, y así, si gusta de venir y hay persona tan principal con quien vuestra merced venga a gusto y honra, recibiré gran regalo que vuestra merced venga. Que Dios le hará merced acá, y todos le serviremos (nota 11).

No consta que pidió licencia.

 

María de Carranza es una mujer emprendedora que ayuda a su marido en la industria textil y pide a su hermano Hernando de Soto, en Sevilla, desde Puebla:

Procure todo lo del mundo a traer dos oficiales, para que tejan cordellate, y que peine, que ganaremos mucho con eso, y otro oficial de cerero, que sea buen oficial y examinado. Y a estos le compre matalotaje, y les haga escritura de partido desde el día que salieren desde allá, que yo cumpliré todo lo que vuestra merced pusiere, flete y toda la deuda que trujere lo pagaré en llegando.

Además pide a su hermano que traiga jamones, quesos, arroz, garbanzos y habas:

Antes que le sobre que le falte, todas especias, vinagre y aceite, cuatro botijas de cada cosa, tasajos de carnero y de vacas hartos y bien aliñados, y ropa de vestir blanca y de paño cuanta pudiere traer, que vale acá mucho (nota 12).

 

Las mujeres de los conquistadores, muertos sus maridos, llevaban las encomiendas. Así Ana Hernández, viuda de Alonso Arias, “conquistador de los primeros e hijo-dalgo”, el 6 de diciembre de 1570 desde San Salvador escribió al marido de la hija de su difunto marido en Pastrana que viniera con su mujer, para hacerse cargo de la encomienda, “ganada con tanto trabajo y guerras”. Lo consiguió, pero tuvo que esperar tres años, pues no consiguió la licencia hasta el 11 de marzo de 1573 (nota 13).

Las conquistadoras están orgullosas: Catalina Álvarez escribe el 1 de junio de 1565 en Mariquita, del Nuevo Reino de Granada, a su hermano García Martín, en Villamayor:

Estoy casada con un conquistador y poblador de estas provincias, y tiene tres pueblos suyos, y soy señora de vasallos. Ha sido Dios servido de darme de sus bienes, y darme un marido que en todas estas partes no hay mujer mejor casada, ni más aventurada, y con todo esto no ha sido Dios servido de darme hijos de este marido. Cúmplase su voluntad, aunque con este dolor viviré mientras en este mundo viviere, por no tener a quien dejar esta hacienda después de los días de mi marido y míos. Así que por esto, señor hermano, si un hijo que yo de mis entrañas parí es vivo, por la pasión que pasó Dios, os ruego que me lo enviéis, pues no tengo a quien lo dejar sino a él.

Así, en efecto, su hijo del primer matrimonio, Juan Muñoz, solicitó licencia, pero tardó ocho años, cuando el 20 de octubre de 1573, muerta su madre, la obtiene, para tres años, para cobrar la herencia que le dejó su madre (nota 14).

 

María de Ávila quiere que venga su madre. Le escribe, también en nombre de su marido Juan Gómez, desde Veracruz, a Talavera, y le dice que pida licencia, “para pasar la vejez con algún descanso” en una hacienda que su marido tomó por nueve años. También pide que venga su hermana con su hijo, diciendo “a mi sobrino acá lo podríamos hacer hombre”. En efecto sólo vendría el sobrino, quien un año después solicitaría la licencia de salida (nota 15).

 

Las mujeres de Indias costeaban la carrera de sus familiares en España. Así doña María de ¿Pecellín? Escribe desde Popayán a su hermano Cristóbal Pecellín de Vargas, que intenta hacerse fraile de San Juan:

[…] de que no me he holgado poco, y me dice le envíe a vuestra merced para ello recaudo de dinero. Y por otras tengo escrito a vuestra merced que, como haya persona cierta con quien yo los pueda enviar, enviaré. Después dice: Y también me escribe Alonso de Vargas que desea pasar vuestra merced a estas partes. De nuevo se lo suplico a vuestra merced reciba yo esta merced, en que me venga a ver después de haber tomado el hábito, y no habrá falta en lo que tengo dicho en enviar lo necesario para el efecto.

En efecto, el fraile obtiene 17 años después licencia de salida (nota 16).

 

Las mujeres ricas de América tienen compasión con los hombres en la vieja patria que sirven. Así, Inés de Cabañas escribe el 28 de febrero de 1575, desde Lima a su hermano Sancho de Cabañas en Trujillo:

Muchas veces le he escrito, siempre rogándole y persuadiéndole que pase a esta tierra, porque, allende de ser tan buena tierra como es, Dios ha sido servido de darme a mí bienes con que lo podría remediar a él y a su mujer e hijo, y mi señor y marido olgara de ello mucho, y en no haber venido quedé harto desconsolada, aunque no faltó quien me dijo de cómo quedaba vuestra merced en Trujillo en servicio de cierto caballero, de lo cual me pesó mucho en saber que servía a nadie, lo cual se evitará todo en determinándose vuestra merced de venirse a esta tierra. Y si fuere posible, traiga consigo a Diego de la Ruá, nuestro hermano… y tórnole a decir que en todas maneras no deje de se venir, ni sea cosa ninguna parte para lo estorbar el pasaje.

En efecto, Sancho de Cabañas diez meses después consigue licencia para salir (nota 17).

 

La mujer de Indias, felizmente casada, se encuentra sola sin hijos, y por esto pide que se vengan sus hijastras. Así, una mujer que queda anónima, pidió desde México a las hijas de su marido Domingo de Oria que vinieran:

Sabe Dios la pena que tengo de la desgracia de mi hija Mariquita, y mayormente por no la tener a mi lado para la regalar y consolar. El consuelo que me queda es que Domingo de Oria dice que entiende que presto serán en esta tierra. Plega a Dios vean mis ojos tan buenas hijas en mi compañía, porque lo que toca a mi condición no les pesará, y lo otro, estoy sin compañía y muy sola, y por el contento de mi marido y mío plegue a Dios lo ordene por la via que más convenga (nota 18).

 

Las mujeres también son capaces de vivir solas. Así, Catalina Rodríguez escribe desde Sombrerete a sus hijos Pedro y Juana y a su marido Antonio Rodríguez, en Peñafiel, y pide que vengan sus hijos. Pero solamente su hijo Pedro solicita licencia (nota 19).

Las viudas se encuentran solas. Así Ana Macías, mujer de una personalidad extraordinaria, por lo que indica la letra de su carta (nota 20), el 6 de diciembre de 1575 pide desde Puebla a su prima María Deza, en Talavera, que envíe a su yerno. Y, en efecto, éste pide un año después licencia de salida (nota 21).

Otra viuda solitaria es Francisca Hernández del Pedroso, que desde Panamá escribe el 20 de marzo de 1572 a su sobrina María de Barrera, en El Pedroso, que viniera con su marido e hijos. Tuvo que esperar tres años, pues su sobrino no consiguió licencia de salida para si mismo, su mujer e hijos hasta el 28 de mayo de 1575, pero tan sólo para ocho años (nota 22).

Otra viuda sin hijos, Magdalena del Castillo, pide desde Santa Fe a su sobrina Luisa del Castillo, en Madrid, que venga. Escribe:

Como estoy viuda tres años ha, y sin ningún hijo, y tengo alguna hacienda, y por no tener a quien dejar, sino a vos, os ruego que, luego que ésta recibáis, procuréis de alcanzar una licencia para vos y para un criado, para que vengáis con la primera flota… No os llamo sino para ayudaros y dejaros mi hacienda, y si pudiere, casaros de mi mano.

En efecto, Luisa del Castillo pide licencia y lo consigue un año después, el 12 de febrero de 1592 (nota 23).

 

Ana de Montoya, desde hace ocho años viuda de Diego Flores, pintor y dorador, que le dejó:

con trabajo de cobrar lo que se le debía de las obras, y vine a este pueblo y comarca de Yucatán, adonde de estado y estoy procurando de cobrar y recoger lo que se me debe (nota 24).

 

En conclusión, habrá que decir que la mujer de Indias -en primer lugar, la europea, pero, según creemos, también la no europea- fue admirable. [..] hubo de veras pobladoras femeninas, como parte del movimiento emigratorio general, y compartiendo las características generales. Venían de las mismas ciudades y regiones de España como los hombres, porque eran esposas, hermanas y sobrinas, y fueron a las mismas partes de las Indias.

La mujer de Indias no fue inferior en pensamiento y actividad al hombre, al contrario, creemos que superó al hombre en dignidad, conciencia de su valor y autodeterminación. Al contrario de lo que se dice fue culta, y en la mayoría de nuestros ejemplos sabía leer y escribir. También hay que decir que en la mayoría de nuestros casos masculinos los hombres amaban a sus mujeres. Pedro de Salcedo dice:

Sin mi mujer estoy el más triste hombre del mundo. Es tanto la tristeza que tengo que me hallo tan solo como si estuviese cautivo en tierra de moros (nota 25).

Pedro de Aguilera dice a su mujer: Cuando vi entrar una flota tan populosa y no os vi, fue tanta la pena que recibí que entendía que me sepultaran en el puerto y no volviera a mi casa (nota 26).

Sebastián Pliego escribe a su esposa: Mira que sin vos no puedo vivir. dedicándole unos bastos versos de amor (nota 27).

Hernando de Castilla dice: soy vuestro esclavo, que me comprastes el día que os vi (nota 28).

Las palabras más hermosas son de Pedro Martín, que dice a su mujer:

Con el contento me hallaréis más mozo que cuando de vos me partí, y en lo que os han dicho que yo estaba amancebado, yo os juro a Dios y a esta cruz que os mintieron, porque a más de un año que no sé tal aventura, y también os digo que los que en esta tierra son amancebados que nunca tienen un real… Quiero más vuestro pie muy sucio que a la más pintada de todas las indias, porque en esta tierra es muy estimada una mujer de Castilla, siendo mujer de bien, como vos lo sois. (nota 29).

 

No todos los hombres de Indias serían así, pero en las 650 cartas de nuestra colección escasean las que indican falta de amor y cariño entre los cónyuges.

 

Autor: Enrique Otte

Fuentes:

  1. “Las mujeres aztecas y las españolas en los siglos XVI y XVII: análisis comparativo de la literatura social (“Colonial Latin American Historical Review”, vol. 5, nº1, New México, 1996), p. 21.
  2. “Mujeres de la conquista” (Buenos Aires, 1990), p. 42.
  3. Enriqueta Vila: “Discurso de ingreso en la Real Academia Sevillana de Buenas Letras”, del 27 de octubre de 1996” (Sevilla 1997), passim. El libro de Marg Elizabeth Perry es: “Ni espada rota ni mujer que trota. Mujer y desorden social en la Sevilla del Siglo de Oro “ (Barcelona, 1993).
  4. James Lockhart: “Spanish Perú, 1532-1560. A Colonial Society” (Madison, Milwaukee, London, 1968), pp. 150-170. Véase también, en concreto James Lockhart: “The social history of Colonial Spanish America” in “Latin-American Research Review”, VII, Nr. 1” (Texas, 1972).
  5. Elinor Burkett: “Early Colonial Perú: The urban female experience”, Tesis doctoral, University of Pittsburgh” (Pitttsburgh, 1975).
  6. Elionor Burkett: “Indian women and white societty: The case of sixteenth Perú”, in “Latin American Women…”, pp. 114.
  7. Ida Altman: “Women and Emigration from Early Modern Spain”, en “Women and Migration in Latin America and the Caribbean”, Conferencia Mar 1997, en prensa. Ida Altman en su carta del 17.7.97, dice que debe su idea del tema a mi artículo “Cartas privadas de Puebla del siglo XVI”, en “Jahbuch fuer Geschichte von Staat, Wirtschaft und Geselschaft Lateinamerikas”, Band 3 (Köln 1966), pp. 10-87. Una alumna de Arnold Bauer, Amanda P. Angel, está terminando una tesis doctoral sobre emigrantes femeninos a Nueva España hasta 1570. Amanda Angel en su carta del 22.6.98 dice: “I have used your published works on emigrant letters extensively throughout my work. Your study on emigrants has been invaluble”.
  8. A. Millares Carlo y J. I. Mantecón: “Índice y extractos de los Protocolos del Archivo de Notarías de México, D.F.” (El Colegio de México, 1946).
  9. Véase, sobre todo, María de Lourdes Aguilar Salas: “Imagen de las Indias en cartas escritas por mujeres en el siglo XVI” en “La voz del silencio: fuentes directas para la historia de las mujeres”, de. Cristana Segura Griño (Madrid, 1992), pp. 157-169.
  10. Licencia del 11 de abril de 1575 (Archivo General de Indias-AGI-. Indiferente General-IG-2056, Enrique Otte: “Cartas privadas de emigrantes a Indias”, Sevilla, 1988, reedición, México, 1993, cartas números 36 y 37. (En adelante sólo se indican los números).
  11. Carta del 1 de abril de 1596 (AGI,IG, 2068, número 134).
  12. Carta del 2 de octubre de 1589, expediente de Hernando de Soto e Isabel de Padilla (AGI, IG, 2065, número 181).

13 AGI, IG, 2054, número 258.

  1. AGI, IG, 1223, número 378.
  2. Carta de abril de 1568 y licencia del 3 de agosto de 1569 (AGI, IG 2052, número 192).
  3. Carta del 1 de junio de 1558 y licencia del 16 de diciembre de 1575 para pasar junto a su hermana (AGI,IG 2087, número 400).
  4. Licencia del 19 de diciembre de 1575 (AGI, IG 2087, número 442).
  5. Carta del 15 de abril de 1603 (AGI,IG 2087, número 442).
  6. Carta del 6 de noviembre de 1580 (AGI, IG 2060, número 238).
  7. La carta figura en el frontispicio de nuestro libro (James Lockhart and Enrique Otte, de. “Letters and people of the Spanish Indies. The Sixteenth Century”, Cambridge 1976).
  8. Expediente de Martín de Calvedar, yerno de María Deza, prima de Ana Macías, 10 de diciembre de 1576 (AGI, IG 2057, número 169).
  9. AGI, IG 2087, número 273.
  10. Carta del 12 de enero de 1591 (AGI,IG 2100, número 322).
  11. Carta del 12 de enero de 1573 (AGI,IG 2056, número 209).
  12. Carta número 243.
  13. Carta número 66.
  14. Carta número 174.
  15. Carta número 277.
  16. Carta número 86

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