
La nueva etnia, surgida del mestizaje entre españoles y autóctonos americanos, fue el advenimiento de una nueva civilización, surgida de dos etnias muy singulares: la hispana, síntesis de culturas visigodas, íbero-celtas, romanas, cristianas y moriscas, cuyo integrador fue San Isidoro de Sevilla muerto en 636, y las etnias aztecas, mayas e incaicas, con sus profundos conocimientos de astronomía, medicina e ingeniería.
Estos conocimientos fueron perdidos en su gran cantidad durante los fragores de la conquista. Empero, la nueva etnia hispano e iberoamericana prosigue su desenvolvimiento. Esto, no obstante las políticas de genocidio económico que los anglosajones no terminan de aplicar en Hispanoamérica porque el objetivo final de los británicos y sus adláteres para América Latina es masacre y reemplazo. La misma política demográfica que se empleó en los Estados Unidos de Norteamérica con los «pieles rojas» autóctonos que quedaron reducidos a una ínfima antropología demográfica a la que siempre erradicaron de un mestizaje con el anglosajón autosuficiente y racista. Esto es los WASP (blancos-anglosajones-protestantes) que se proponen la conducción del mundo.
Sin embargo, los territorios de América explorados y luego ocupados y conquistados por España, según la legislación española («Nueva y Novísima Recopilación de las Leyes de Indias») no fueron colonias ni factorías, sino provincias, y los habitantes autóctonos fueron proclamados por las leyes españolas: súbditos de la corona.
No se les abolió su sistema económico, político ni legislativo. Sus hijos coexistieron con los pobladores españoles y se formó una nueva etnia mestiza (Levene, 1952: 269).
Fuente: https://es.slideshare.net/…/la-involucin…
Julio C. González, profesor de Estructura Económica: Universidad de Buenos Aires / Universidad Lomas de Zamora (República Argentina).