
“El bloqueo continental organizado por Napoleón sólo daría resultado si lograba destruir la economía británica. El bloqueo fue establecido por un decreto dado en Berlín en 1806 y por otro decreto dado en Milán en 1807. Empero, sus efectos no se notaron en Inglaterra hasta 1808” (Berruezo León, 1989: 48). Los intereses comerciales británicos se alteraron con esta medida entre 1806 y 1810. Son los años en que Gran Bretaña resuelve intervenir en Hispanoamérica aplicando los planes ya preparados en 1711 y 1804.
En 1808 Hispanoamérica era la única alternativa que se le presentaba a Gran Bretaña para evitar su colapso económico.
Burke promueve a Miranda como el ejecutor de la secesión de Hispanoamérica de España y expresa: “No hay duda de su éxito si el gobierno británico le asiste con 4.600 soldados” (Berruezo León, 1989: 48). Este párrafo nos demuestra que en Hispanoamérica ningún sector de su población hispanoindiana estaba dispuesto a tomar las armas para separarse de España.
El proyecto británico requiere fuerzas propias para conquistar Hispanoamérica, conquista ésta que —cubierta de eufemismos— ha dado origen a la novela libertadora en la enseñanza, tanto en Hispanoamérica como en España. Esta poderosa fuerza tendría que actuar en cuatro puntos: el primero, México y Centroamérica; el segundo, Venezuela, Nueva Granada y Quito (Ecuador); el tercero en Perú y Chile; y el cuarto, en el Virreinato del Río de la Plata. “Burke no olvidó el triste recuerdo y la humillación producidas por los fracasos de las invasiones inglesas de 1806 y 1807”.
“La situación económica británica había empeorado en el curso de 1808. Las exportaciones habían bajado, subió el precio del trigo, bajaron los salarios y hubo, por ejemplo en Manchester, violentas huelgas” (Berruezo León, 1989: 49). En esta situación desesperada debe explicarse el entusiasmo que renació por la intervención en Sudamérica. Wellington estaba preparando una expedición a México y Miranda y Burke publicaron un nuevo proyecto titulado Razones adicionales para la inmediata emancipación de Sudamérica”. Lo transcripto demuestra con toda crudeza cómo las ideas que exponían Miranda, Burke y otros eran la versión literaria de la desesperación económica que existía en Gran Bretaña por la acción de Napoleón. Esto es más que suficiente para acreditar que el accionar de 1810 en todo el hemisferio —desde México hasta Buenos Aires— no tiene por causa una expansión ideológica vernácula de sus poblaciones, sino que la situación económica de Gran Bretaña determina la aplicación de los planes de 1711 y 1804 para salvarse de una estrepitosa quiebra.
Burke expresa, sin ambages, los propósitos británicos para “independizar” a Hispanoamérica: “El Nuevo Mundo y particularmente Hispanoamérica no necesita de nosotros nada más que empleemos la llave maestra de la independencia, para abrir sus tesoros a nuestros usos” (Berruezo León, 1989: 51).
Fuente: https://es.slideshare.net/…/la-involucin…
Julio C. González, profesor de Estructura Económica: Universidad de Buenos Aires / Universidad Lomas de Zamora (República Argentina).