
La realización del Plan de 1711, denominado Una propuesta para humillar a España, se ejecutó con una acción de guerra encubierta e inalterable en el decurso del tiempo. Esta acción de guerra fue la microbeligerancia nunca interrumpida de los terroristas del mar. Fueron:
• Los piratas. Ladrones que actúan en el mar.
• Los filibusteros. Ladrones del mar que se apoderan de territorios continentades a los que se llega por vía marítima.
• Los bucaneros. Ladrones del mar que se apoderan de las islas.
• Los corsarios. Ladrones del mar que tienen patente de un Estado para capturar o destruir buques o ciudades, dividiendo el producto del despojo o del saqueo por mitades con el Estado que les ha dado patente o instrucciones sobre los objetivos que deben atacar.
Para protegerse de ataques aislados, los buques mercantes navegaban en convoyes, esto es, con seguridades y resguardos que impidiesen que fueran atacados. Los convoyes mercantes y las flotas de navíos de guerra que los custodiaban se ubicaron en puertos privilegiados para su custodia y por eficacia defensiva. El puerto de Cádiz por su ubicación fue el principal de ellos. Este método de defensa es lo que determinó la concentración y monopolio en esa ciudad. Monopolio marítimo y, por consiguiente, comercial.
La incomunicación de las Provincias de Hispanoamérica con las Provincias de España, por causa de la piratería en el Océano Atlántico, determinó la coexistencia de una gran riqueza y de una gran miseria simultánea. Se dio la paradoja de que la gran masa monetaria de oro y plata que producía América de nada sirviera. Porque el dinero de nada vale sino en razón de las compras y de las ventas. En América había compradores con recursos, pero los que vendían se hallaban en la desesperación de no tener qué vender.
La falta de producción en Hispanoamérica, no obstante el gran cuidado que España había puesto en promover el cultivo, se debió a la gran generosidad de España por querer aliviar a los indios que jurídicamente eran súbditos de la corona de España —al igual que los peninsulares— y no esclavos. Esto no obstante los aprovechamientos y abusos de los funcionarios y gobernantes deshonestos.
La civilización americana autóctona estaba habituada desde tiempos inmemoriales a producir para su propio consumo natural y no para la rentabilidad que otros pudieran obtener con su trabajo. Esto provocó la exportación de esclavos del África que se incrementó terriblemente con los asientos o mercados de esclavos que los británicos obtuvieron en Buenos Aires a partir del Tratado de Utrecht en 1713. La despiadada comercialización de esclavos fue un factor decisivo para la penetración inglesa en Hispanoamérica (Carrera Pujar, III, 1943-1945: 576-579). Fue con esto que la “Propuesta para humillar a España” de 1711, se hizo efectiva inmediatamente. A su vez, la incomunicación o falta de relación frecuente derivada de esta situación de concentración y monopolio —causada por razones defensivas frente al peligro permanente de los terroristas del mar— originó el contrabando o comercio ilícito y marginal al orden jurídico, con el cual delincuentes y especuladores con el beneplácito de los consumidores, buscaron paliar la lentitud del sistema y obtener un lucro ilícito.
Los puertos y ciudades de Hamburgo, Ámsterdam y Londres, fueron en los siglos XVI, XVII y XVIII, los centros para realizar contrabando con Hispanoamérica y en especial con el Río de la Plata.
El Río de la Plata ha sido y es la boca de acceso a la Cuenca Hidrográfica del Plata y, por lo tanto, el lugar de ingreso marítimo forzoso al interior de América del Sur.
Para impedir el futuro desarrollo naval argentino que ponía en peligro el dominio imperial del Atlántico Sur, la política naval británica para el Río de la Plata fue que el Virreinato del Río de la Plata, después de 1810, quedase dividido en dos costas opuestas: la de la Argentina y la de la República Oriental del Uruguay. De esta manera, Argentina, privada en el Río de la Plata de la costa opuesta perdió el cabotaje sobre los ríos, punto de partida de una política náutica, lo cual dificulta una concepción marítima del mundo que es elemental para constituir una potencia naval. Es oportuno acotar aquí que la Provincia Oriental de las Provincias del Río de la Plata fue separada, con el nombre de República Oriental del Uruguay, por las intrigas de la diplomacia británica en 1828. La Provincia Oriental por la acción de José Gervasio de Artigas, su caudillo conductor, persistía en mantenerse como una provincia más, integrante de las Provincias Unidas del Río de la Plata, como antes lo fuera del Virreinato del Río de la Plata.
Fuente: https://es.slideshare.net/…/la-involucin…
Julio C. González, profesor de Estructura Económica: Universidad de Buenos Aires / Universidad Lomas de Zamora (República Argentina).