El Período Absolutista y la Pérdida de Representación de las Provincias Peninsulares e Isleñas
Introducción: Las narrativas falsas sobre Puerto Rico en el siglo 19.
Algunos historiadores y políticos han afirmado erróneamente que Puerto Rico carecía de representación política durante el período absolutista porque era considerado una »colonia», una narrativa falsa que distorsiona completamente la realidad histórica de la Isla. Puerto Rico fue reconocido como una provincia integral de España, con derecho a enviar diputados a las Cortes, desde 1809 lo que demuestra su estatus de igualdad política con otras provincias peninsulares e insulares aún antes del 1812 que se establece la Junta que habría de redactar la Constitución de Cádiz.
Sin embargo, durante la restauración absolutista de Fernando VII, esta representación fue suprimida no por una supuesta »condición colonial» sino como parte de la centralización que eliminó las instituciones representativas en todo el reino. Esta tergiversación histórica ha sido utilizada en ocasiones para promover agendas ideológicas relacionadas con el estatus político de Puerto Rico, en lugar de reflejar fielmente su historia y su integración en el sistema político español durante el período absolutista del siglo 19.
La pérdida de representación de las provincias españolas durante el período absolutista:
El período absolutista en España, que se consolidó especialmente durante los reinados de Fernando VII (1814-1833) y en otros momentos históricos de centralización monárquica, marcó un punto de inflexión en la organización política y administrativa del Reino de España. Durante este tiempo, las provincias peninsulares e insulares de España, como Aragón, Andalucía, Asturias, Cataluña, Cantabria, Galicia, País Vasco, La Rioja, Castilla-La Mancha, Castilla y León, Extremadura, Islas Baleares, Islas Canarias, Murcia, Comunidad Valenciana, Madrid, Ceuta, Melilla, Navarra, el archipiélago mediterráneo de Islas Baleares, el archipiélago atlántico de Islas Canarias y los archipiélagos de ultramar como Puerto Rico y Cuba, experimentaron una significativa pérdida de representación política en el contexto del sistema parlamentario o de las instituciones representativas.
Este artículo analiza las razones detrás de esta pérdida, considerando el contexto histórico, político y administrativo y sus consecuencias.
Contexto histórico: el absolutismo en España.
El absolutismo en España se caracterizó por la concentración del poder en la figura del monarca, quien gobernaba sin las limitaciones impuestas por instituciones representativas como el parlamento. Tras la Guerra de Independencia Española (1808-1814) y la promulgación de la Constitución de Cádiz de 1812, que otorgaba un marco liberal y representativo a todas las provincias, el regreso de Fernando VII al trono marcó un retorno al absolutismo. Este período, conocido como la «Década Ominosa» (1823-1833), fue especialmente duro para las libertades políticas y la autonomía provincial. Durante el absolutismo, el sistema político se centró en la centralización del poder, lo que implicó la supresión de las instituciones que daban voz a todas las provincias, tanto en la península, mediterráneo, atlántico y ultramar.
Las razones principales de esta pérdida de representación fueron:
1. Centralización del poder y abolición de las Cortes liberales. La Constitución de Cádiz de 1812 había establecido un sistema parlamentario en el que las provincias, incluidas las de ultramar como Puerto Rico y Cuba, tenían representación en las Cortes. Este modelo otorgaba a las provincias cierto grado de participación en la toma de decisiones nacionales. Sin embargo, con la restauración absolutista, Fernando VII abolió la Constitución de Cádiz en 1814 y disolvió las Cortes, eliminando cualquier forma de representación provincial. El monarca buscaba consolidar su autoridad absoluta, considerando que las Cortes y la participación provincial eran un desafío a su soberanía. Las provincias, que habían disfrutado de una relativa autonomía bajo el marco liberal, perdieron su capacidad de enviar representantes al parlamento. En su lugar, el gobierno se organizó a través de reales decretos y una administración centralizada que dependía directamente del rey y sus consejeros.
2. Supresión de los fueros y autonomías regionales. En regiones como Aragón, Cataluña, País Vasco y Navarra, los fueros (leyes y privilegios históricos) otorgaban un grado significativo de autonomía, incluyendo la capacidad de gestionar asuntos locales y, en algunos casos, enviar representantes a las Cortes. Durante el absolutismo, estos fueros fueron eliminados como parte del esfuerzo por homogeneizar el control político y administrativo. El régimen absolutista veía los fueros como un obstáculo para la centralización, y su supresión implicó la pérdida de instituciones locales que funcionaban como canales de representación. Por ejemplo, en el País Vasco y Navarra, los fueros permitían la existencia de juntas y asambleas locales que representaban los intereses de la región. Con el absolutismo, estas instituciones fueron debilitadas o eliminadas, y las provincias quedaron subordinadas a la autoridad central.
3. El régimen de Fernando VII reimpuso un modelo centralista más rígido en los archipiélagos que eran asediados constantemente por conspiraciones separatistas financiadas desde Estados Unidos, Haití y otras repúblicas como la Gran Colombia inspiradas por Simón Bolivar
4. Represión de los movimientos liberales. El absolutismo no sólo eliminó las instituciones representativas, sino que también reprimió a los sectores liberales que defendían la autonomía provincial y la participación política. En regiones como Cataluña, Galicia o Andalucía, los movimientos liberales que buscaban mantener el espíritu de la Constitución de Cádiz fueron censurados. Esta censura incluyó la disolución de juntas provinciales y la censura de líderes liberales, lo que debilitó aún más la capacidad de las provincias para organizarse políticamente y reclamar representación.
5. Reorganización administrativa y control centralizado. Durante el absolutismo, se fortaleció un modelo de administración centralizada que redujo el poder de las provincias. Las autoridades locales, como los corregidores y gobernadores, eran nombrados directamente por la corona, lo que limitaba la influencia de las élites provinciales. En las Islas Canarias, Baleares, Ceuta y Melilla, Puerto Rico y Cuba el régimen absolutista reforzó el control directo de Madrid, eliminando cualquier posibilidad de representación autónoma. En el caso de Castilla-La Mancha, Castilla y León, Extremadura, Murcia y otras regiones sin fueros históricos, la falta de una tradición de autonomía previa facilitó su subordinación al poder central. Estas provincias, aunque nominalmente reconocidas, no contaban con instituciones propias que pudieran articular una representación efectiva.
6. Impacto en las provincias insulares y de ultramar. Las provincias insulares (Baleares, Canarias) y de ultramar (Puerto Rico, Cuba) enfrentaron desafíos adicionales debido a su distancia geográfica y periférica. Consecuencias de la pérdida de representación: La supresión de la representación provincial durante el absolutismo tuvo profundas consecuencias. En primer lugar, exacerbó las tensiones entre el gobierno central y las provincias, especialmente en regiones con fuerte identidad como Cataluña, País Vasco y Navarra, donde la pérdida de los fueros alimentó el descontento y en las provincias de ultramar fueron blanco de asedio y conspiraciones por gobiernos extranjeros. La centralización absolutista retrasó el desarrollo de un sistema político más inclusivo y participativo, sentando las bases para los conflictos entre centralismo y regionalismo que marcarían la historia de España en los siglos XIX y XX.
Conclusión:
La pérdida de representación de las provincias españolas durante el período absolutista fue el resultado de una combinación de factores: la abolición de las Cortes liberales, la supresión de los fueros, la represión de los movimientos liberales, defensa de la integridad nacional y la centralización administrativa. Este proceso no sólo despojó a las provincias peninsulares e insulares de su voz política, sino que también reforzó un modelo de gobierno autoritario y centralista que priorizaba el poder en Madrid sobre la diversidad e identidad regional. Aunque el absolutismo eventualmente dio paso a períodos de liberalización, las tensiones entre centralismo y autonomía provincial dejaron una huella duradera en la historia de España, tanto en la Península como en sus archipiélagos de Canarias, Baleares, Cuba y Puerto Rico.
Diputados Provincia de Puerto Rico, España: 1809-1898
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