Eneamigos: Francia como freno estructural de España y Europa


Francia como freno estructural de España y Europa: del apagón ibérico al bloqueo energético continental.
El gran apagón de abril de 2025 en España y Portugal no fue un accidente aislado. Según el análisis de Geoestrategia.eu, fue la consecuencia directa de un aislamiento energético impuesto durante décadas, en gran parte por la resistencia francesa a permitir que la Península Ibérica se conectara plenamente al sistema europeo.
Ese bloqueo —eléctrico, ferroviario, gasístico e hidrogenado— no es nuevo: es la expresión moderna de una rivalidad histórica y de una visión francesa de Europa donde París debe seguir siendo el centro, incluso a costa de la eficiencia y la seguridad del continente.
1. El apagón de 2025: síntoma de un problema estructural
El artículo original explica que el colapso eléctrico ibérico se agravó porque España y Portugal solo disponen de un 2 % de interconexión eléctrica con Europa, muy por debajo del mínimo recomendado por Bruselas.
Expertos como Fabien Bouglé y Loïk Le Floch‑Prigent denunciaron que:
• La UE ha construido un mercado eléctrico artificial que encarece la energía.
• La dependencia de renovables intermitentes sin respaldo suficiente genera vulnerabilidad.
• La falta de interconexiones convierte cualquier fallo en un riesgo sistémico.
La Comisión Europea reconoció que una mayor integración habría mitigado el apagón. Pero esa integración lleva años bloqueada por Francia.
2. Sabotaje ferroviario: España desconectada del eje europeo
El corredor ferroviario ibérico hacia Alemania debería ser un pilar de la movilidad continental. Sin embargo, Francia ha retrasado:
• La modernización de los tramos transpirenaicos.
• La homologación técnica de trenes y vías.
• La integración del corredor Madrid–París–Berlín.
El resultado: España queda aislada, Alemania pierde acceso directo al sur y Francia mantiene su papel de filtro obligatorio.
3. Gas natural: el veto francés al MidCat
España posee una enorme capacidad de regasificación que podría haber aliviado la crisis energética alemana tras el corte del gas ruso.
Pero el proyecto MidCat, que debía conectar España con Alemania a través de Francia, fue bloqueado durante años por París.
Consecuencias:
• Alemania pagó precios más altos.
• España no pudo exportar su excedente.
• Francia conservó su centralidad energética.
4. Hidrógeno verde: el futuro también bloqueado
El corredor H2Med, destinado a transportar hidrógeno verde español hacia Alemania, también ha sufrido retrasos y condiciones impuestas por Francia.
El patrón se repite: París frena lo que no controla.
5. Rivalidad histórica: Francia frente a España
La tensión franco‑española tiene raíces profundas:
• Francia nunca logró construir un imperio global comparable al español.
• Las guerras de Italia, Flandes y la hegemonía europea enfrentaron a ambas potencias.
• El fracaso napoleónico en España dejó una herida simbólica en la identidad francesa.
Desde entonces, Francia ha cultivado una narrativa de superioridad cultural y de “misión civilizadora” que compensa sus derrotas históricas y su pérdida de influencia global.
6. Francia como “república imperial”: el neocolonialismo en África
El artículo original no lo menciona pero encaja perfectamente en el patrón.
Italia ha denunciado repetidamente que Francia mantiene un imperio neocolonial en África mediante:
• El franco CFA, que ata a 14 países a la política monetaria francesa.
• Intervenciones militares recurrentes.
• Control de recursos estratégicos.
Francia perdió su imperio formal, pero conserva uno informal, que sostiene su influencia global y su peso en la UE.
7. La UE paga el precio: Alemania encarecida, España aislada
El bloqueo francés —eléctrico, ferroviario, gasístico e hidrogenado— tiene efectos directos:
• Alemania paga energía más cara y pierde competitividad industrial.
• España no puede exportar su excedente renovable ni integrarse plenamente en el mercado europeo.
• La UE se vuelve más vulnerable, más cara y menos cohesionada.
El apagón de 2025 fue una advertencia:
Europa no puede permitirse seguir dependiendo de los intereses nacionales de un solo Estado.
La rivalidad franco‑española no se limita a la política, la energía o la geoestrategia. También se manifiesta en un terreno inesperado: la gastronomía.
Durante los siglos XVII, XVIII y XIX, numerosos viajeros, cocineros y nobles franceses recorrieron España —especialmente Castilla, Aragón y Andalucía— y accedieron a recetarios monásticos que eran auténticos tesoros culinarios: dulces conventuales, técnicas de guisos, fondos, escabeches, confitados, masas y salsas.
Los monasterios españoles: laboratorios culinarios de Europa. Los monasterios españoles conservaban desde la Edad Media una tradición culinaria sofisticada, heredera de: La cocina andalusí, la tradición romana, la repostería conventual, y la experimentación agrícola de las órdenes religiosas. Muchos de estos recetarios eran manuscritos privados, transmitidos dentro de las órdenes. Pero durante la Guerra de Sucesión, la Guerra de la Independencia y las desamortizaciones, numerosos documentos fueron saqueados, copiados o vendidos. De los monasterios españoles a los fogones franceses. A partir del siglo XVIII, Francia comenzó a construir el mito de su haute cuisine.
Pero varios historiadores gastronómicos señalan que una parte significativa de las técnicas que Francia presentó como propias procedían de:
Los fondos y caldos clarificados usados en monasterios españoles desde el siglo XV, los escabeches (que Francia rebautizó como escabèche y luego integró en su repertorio), las salsas espesadas con harina y grasa (base de la bechamel, cuya genealogía apunta a recetarios españoles del siglo XVII), los confitados en grasa (documentados en conventos españoles antes de su aparición en manuales franceses), la repostería conventual que inspiró masas, cremas y técnicas adoptadas por cocineros franceses.
No se trata de acusar a Francia de plagio —la historia culinaria es siempre un intercambio—, sino de señalar que la narrativa francesa de “cuna absoluta de la alta cocina” se construyó ocultando influencias españolas decisivas.
La “gran cuisine” como proyecto político y económico.
En el siglo XIX, Francia convirtió su gastronomía en un instrumento de prestigio nacional, igual que su diplomacia o su literatura. Para ello: sistematizó técnicas que ya existían en otros países, las codificó en manuales como los de Carême y Escoffier, y las presentó como “invenciones francesas”. El resultado fue una apropiación simbólica: Lo que había nacido en monasterios españoles se transformó en “tradición francesa”.
¿Por qué importa esto en un artículo geopolítico? La gastronomía es solo un ejemplo temprano de un comportamiento que hoy se reproduce en: La política energética, la infraestructura continental, la narrativa de la “grandeur”, y la resistencia francesa a una Europa multipolar donde España y Alemania cooperan sin pasar por París. Porque revela un patrón que aparece también en la energía, el ferrocarril o la política africana.
9. Los afrancesados: la élite interna que facilitó la influencia francesa.
Ningún proyecto de influencia extranjera prospera sin colaboradores internos, y la historia de España ofrece un ejemplo paradigmático: los afrancesados. Este término designa a los sectores de la élite española —funcionarios, nobles, intelectuales y burócratas— que, desde el siglo XVIII y especialmente durante la invasión napoleónica, adoptaron la agenda política, cultural y estratégica de Francia, incluso cuando esta chocaba frontalmente con los intereses de España.
¿Quiénes eran realmente los afrancesados?
No eran simples admiradores de la cultura francesa. Eran agentes de influencia, convencidos de que España debía subordinarse al modelo político francés para “modernizarse”.
Su colaboración se manifestó en: apoyo administrativo al régimen de José Bonaparte, legitimación intelectual de la ocupación francesa, difusión de la idea de que Francia representaba la “civilización” y España el atraso, promoción de reformas diseñadas en París, no en Madrid.
Muchos afrancesados huyeron con los franceses tras la derrota napoleónica, pero su legado ideológico pervivió en sectores de la administración y la cultura española durante generaciones.
El afrancesamiento como patrón histórico:
El fenómeno no terminó en 1814. A lo largo del siglo XIX y XX, ciertos círculos políticos y culturales españoles siguieron reproduciendo un reflejo de subordinación intelectual hacia Francia, aceptando como superior: su modelo centralista, su narrativa de “grandeur”, su autoproclamada autoridad moral y cultural.
Este afrancesamiento moderno no implica traición consciente, sino una interiorización acrítica de la hegemonía francesa, que ha influido en decisiones estratégicas españolas, desde la política exterior hasta la energética.
Afrancesados contemporáneos: cuando la élite repite viejos patrones:
En el contexto del artículo original —el apagón de 2025 y el bloqueo francés a las interconexiones— el afrancesamiento reaparece bajo nuevas formas: Funcionarios y políticos españoles que minimizan el bloqueo francés, analistas que repiten la narrativa francesa sobre la supuesta “prudencia técnica”, sectores que culpan exclusivamente a España de su aislamiento energético, ignorando décadas de veto francés, defensores del modelo energético europeo diseñado en gran parte según intereses franceses.
Este comportamiento reproduce el patrón histórico: Una parte de la élite española actúa como amortiguador de las críticas hacia Francia, incluso cuando los hechos muestran un perjuicio directo para España y para la UE.
¿Por qué importa esta sección en un análisis geopolítico?: Porque la influencia francesa en España no se explica solo por la fuerza de Francia, sino también por la debilidad interna generada por los afrancesados. Sin esta élite colaboradora Francia habría tenido más dificultades para imponer su narrativa, el bloqueo energético habría sido denunciado antes, España habría articulado una estrategia más firme con Alemania y Portugal, y la UE habría reconocido antes el problema estructural. Los afrancesados son, en términos geopolíticos, el vector o sabotaje interno que permite que la presión externa funcione. Francia absorbe, centraliza y reetiqueta como propio aquello que fortalece su prestigio nacional, mientras bloquea o minimiza las contribuciones de otros países europeos. La política energética, la infraestructura continental, la narrativa de la “grandeur”, y la resistencia francesa a una Europa multipolar donde España y Alemania cooperan sin pasar por París.
Conclusión: Francia, es el freno histórico de la integración europea y allanó el camino al apagón ibérico.
La ampliación geopolítica revela algo mayor:
Francia actúa como freno estructural de la integración europea porque teme perder centralidad.
• Bloquea lo que no lidera.
• Sabotea lo que reduce su influencia.
• Mantiene un modelo imperial neocolonial disfrazado de republicanismo.
• Roba y rebautiza lo que no le pertenece.
España y Alemania podrían construir una Europa más barata, más verde y más eficiente. Pero para lograrlo, Europa debe superar un obstáculo que lleva siglos en el camino: la obsesión francesa por seguir siendo el centro de un imperio que ya no existe, su clara falta de solidaridad, abundante traición e hipocresía.
Enlace de Interés: Cómo Francia allanó el camino al apagón en España. Una alerta sobre la transición energética que cuestiona el modelo energético europeo
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