Las Cajas de Ahorros de las Provincias de Ultramar Cuba y Puerto Rico (1840-1898).

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Resumen: Los orígenes de la Caja de Ahorros, descuentos y depósitos de la Habana. La primera etapa de la Caja de Ahorros de la Habana, 1841- 1851. La Caja de Ahorros de la Habana y el proceso de reorganización de 1851. La Caja de Ahorros de la Habana: de la crisis financiera de 1857 a la de 1866. La refundación de la Caja de Ahorros de la Habana: de la Guerra de los Diez Años al ejercicio de 1883. Quiebra encubierta y liquidación de la Caja de Ahorros de la Habana 1884-1890. Otros proyectos y realización de cajas de ahorros en la isla de Cuba. El Monte de Piedad de la Habana, 1838-1898. El proyecto de fundación de una Caja de Ahorros en Puerto Rico. Evolución y funcionamiento de la Caja de Ahorros de San Juan, 1865-1879. La Caja de Ahorros de Ponce, 1872-1881. Las Cajas de Ahorros de Mayagüez y San Germán. La Caja de Ahorros Humacao y la Caja de Economistas y Préstamos de San Juan.

Este libro representa una muy valiosa aportación, tanto a un tema de actualidad indudable -la evolución y la transformación de las cajas de ahorro-, como a otro muy relegado en el ámbito de la cultura histórica nacional española: la historia económica de las Antillas. Las referencias sobre la economías provinciales cubana y puertorriqueña bajo la administración española, por lo común se limitan al desenvolvimiento de las plantaciones tabaqueras y azucareras, unidas a la larga pervivencia de la esclavitud. Siendo estos datos históricos ciertos, se forma, a partir de ellos, una imagen, mucho menos fundamentada, de sociedades excéntricas, anacrónicas y atrasadas.

Por ejemplo, se suelen omitir rasgos de modernidad como la construcción en Cuba, en 1837, once años antes que en España, del primer ferrocarril. O la apertura mucho mayor de Cuba hacia la economía internacional, basada en su posición de liderazgo en las exportaciones de azúcar -20% de la producción mundial hacia 1840-, además de las de tabaco y café. Muy probablemente, la densidad de relaciones monetarias de las Antillas era mayor que la de la metrópoli, a mediados del siglo XIX, y hay estudios muy apreciables que otorgan a Cuba, en dicha época, un nivel de Producto Interior por habitante superior al de España.

Es cierto que la presencia de la esclavitud condicionaba la entera vida social de las islas. Los autores de este libro revelan cómo, de un millón de habitantes aproximadamente que tenía Cuba en 1841, más de 436.000 eran población esclava -con un aumento del 90% en 20 años, debido a las entradas de esclavos de contrabando-, frente a 152.000 libertos y 418.000 blancos. Esta evidencia hizo que algunos, como el matemático Vicente Vázquez Queipo, desaconsejaran la apertura de una caja de ahorros, cuyo fin principal obviamente consistía en el fomento del ahorro popular. Según él, los esclavos carecían de capacidad de atesoramiento e incluso de disponibilidades líquidas. La realidad lo desmintió. La Caja de Ahorros, Descuentos y Depósitos de la Habana, creada en 1840, contó entre sus impositores a un 13% de esclavos, por lo general urbanos, que trataban de comprar su libertad. Con el paso del tiempo, aquella proporción disminuyó por la demanda creciente de mano de obrará esclava en las plantaciones, en las que el acceso a la libertad era imposible.

Otra característica destacable de esta Caja de Ahorros, como también de la Caja de San Juan de Puerto Rico, creada en 1865 en el primer piso del Ayuntamiento de San Juan y cerrada en 1879, -y que las diferencia en gran manera de las peninsulares- era su configuración jurídica de sociedades mercantiles por acciones, con ánimo de lucro, su cierre en 1879 se debió a la quiebra de Leonardo Igaravidez (Marqués de Cabo Caribe y Senador por la Provincia de Puerto Rico 1872-1873) y su Central San Vicente en Vega Baja, provincia de Puerto Rico, a quienes, al momento de su quiebra, se les habían otorgado préstamos con un saldo pendiente de unos 182.000 pesos, o casi el 80% de los depósitos, en violación de sus estatutos, que limitaban los préstamos a 1.000 pesos por persona. Hoy, cuando la dirección que se imprime a las cajas de ahorro es precisamente la de su conversión en bancos, las de La Habana y San Juan aparecen como tempranos precursores. La Caja de Ahorros de La Habana fue liquidada en 1890, tras un declive provocado por la caída del precio internacional del azúcar, entre otras razones por el auge de la moderna industria remolachera en Europa. El hecho mismo de ser la cubana una economía abierta al mundo hizo que las crisis mundiales repercutieran de modo sensible sobre sus instituciones financieras. En las provincias de Cuba y Puerto Rico hubo, además de estas dos Cajas, otras en ciudades diferentes, además del Banco Español de La Habana (1856) y otras entidades crediticias.

Junto a las fluctuaciones económicas internacionales, en la vida de estas Cajas de Ahorro influyeron sobremanera los avatares políticos de las islas. La Caja de La Habana fue escenario de los enfrentamientos ideológicos y de intereses de la burguesía criolla, desde los partidarios del statu quo a los del anexionismo norteamericano o el autonomismo. Tras la guerra de los diez años (1868-1878), la crisis económica y las perspectivas crecientes de emancipación política señalaron el ocaso definitivo de estas instituciones.

La Caja de Ahorros de Ponce (Puerto Rico) se fundó en 1872 bajo la presidencia de Francisco Barnés. En 1901 se fusionó con Crédito y Ahorro Ponceño cuando, como lo afirma Manuel Mayoral Barnés en su libro Ponce y su Historia , no pudo soportar la crisis económica provocada por los bajos precios del azúcar. En 1874 se fundó la Caja de Ahorros de Mayagüez (Puerto Rico), bajo la presidencia de Ramón Nadal Cuevas (1837-1884). No se sabe con certeza cuándo cerró sus puertas, pero se acepta generalmente que lo hizo por no poder competir con la sucursal del Banco Español, establecida en 1891.

La Caja de Economías y Préstamos de San Germán (Puerto Rico) fue fundada en 1881 por Tomás Ramírez Quiñones. Su primer directorio estuvo integrado por Pedro Pujals, H. López Quiñones, Rodolfo Dávila, José Vicente Quiñones, Nicolás Agrait, Juan Pasapera y Félix Garmendía Díaz. Fue la única de las cajas de ahorro que evolucionó hasta convertirse en banco comercial y tuvo una larga existencia. En 1898 se convirtió en Banco Caja de Economías y Préstamos, pasando a llamarse posteriormente Banco de Economías y Préstamos. Su oficina principal permaneció en San Germán hasta 1973 cuando Jorge Colón Nevares (1935-2009) sucedió a Ernesto Quiñones Sambolin (1910-1993) propietario de Hacienda El Coto , como presidente del directorio. Bajo Colón Nevares, quien era residente de San Juan, las oficinas principales se trasladaron a San Juan y pasaron a llamarse Banco Economías . En 1977, el Banco Central Hispano de España, con sede en Madrid, adquirió el banco y lo rebautizó como Banco Central y Economías. En 1992, cambió su nombre a Banco Central Hispano.

Debe subrayarse no sólo el extraordinario contenido valor histórico y económico de este libro sobre la historia de la España de Ultramar, sino también su cuidadísima edición y la generosidad de ilustraciones y gráficos, que contribuyen a realzar su valor.


Las Cajas de Ahorros de las Provincias de Ultramar, 1840-1898 Cuba y Puerto Rico
Comín Comín, Francisco
Martínez Soto, Ángel Pascual
Roldán de Montaud, Inés

ISBN: 9788489116658
Editorial: Fundación de Las Cajas de Ahorros (FUNCAS)
Fecha de la edición: 2010
Lugar de la edición: Madrid. España
Encuadernación: Rústica
Medidas: 25 cm
Nº Pág.: 443
Idiomas: Español

 

 


Caja de Ahorros de San Juan de Puerto Rico: Reglamento (1867)

Cajas de Ahorro Escolares: Puerto Rico (1884)



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