Cartas Históricas II: Desde San Juan, La Ruina de Puerto Rico (1901)
LA VERDAD ECONÓMICA Y POLÍTICA DE PUERTO RICO TRAS LA INVASIÓN ESTADOUNIDENSE DE 1898.
Desde San Juan.
Cartas de nuestro corresponsal.
The PUERTO RICO HERALD responde de que es verdad lo que se refiere en la carta que sigue:
Señor editor:
Comienzo mi tarea.
De la situación económica de Puerto-Rico habría mucho que hablar; pero es este un asunto muy tratado por los señores Roselló e Italiala, representantes de los propietarios del país. La ruina es completa. En los últimos diez meses hay una diferencia de dos millones trescientos mil pesos contra la Isla entre la exportación y la importación. Esa diferencia se acentuará en las aduanas. Y ese es el signo indudable de que vamos a la bancarrota, si no estamos ya en ella. Las emigraciones continúan y crecen. Para que haya algún trabajo, es preciso que el gobierno abra caminos y emplee braceros. Las cosechas de café, que hace tres años ascendían a doce millones de pesos, hoy no ascienden a tres millones de dólares. Y, sin embargo, el gobernador aprueba la Ley Hollander, que establece grandes tributos imposibles de recaudar. Cuando llegue el mes de Agosto y el general a la percepción de dichos tributos, muchas fincas serán rematadas y quedarán, por falta de licitadores, en manos del gobierno y en lamentable abandono. En el comercio se refleja este malestar profundo de la agricultura. Apenas se realizan negocios. Los bancos no pueden prestar dinero. Antes ofrecían a sus accionistas dividendos de 15 y 20 por 100; hoy los ofrecen de 3 y 4 por 100. Las acciones del Banco español —que es el más fuerte y rico— se cotizaban con primas altas; hoy se cotizan con enorme descuento. Las tierras han bajado en casi toda la Isla a la mitad y a la tercera parte de su precio antiguo. A pesar de todo ello, el número de funcionarios públicos aumenta de día en día y los sueldos son cada vez mayores. Se están construyendo carreteras sin solidez; obras efímeras, en que se mal gastan los fondos del tesoro y que desaparecerán en breve plazo. No se exagera al decir que los campesinos mueren de hambre: se ha dado el caso de que perezcan en las calles de Ponce y en las cercanías de San Juan; y esas son las ciudades más prósperas allí. Para disculpar la Ley Hollander se afirma que pesa sobre los capitalistas y que los pobres no pagan. Es necesario que se sepa esto: los pobres no han pagado nunca nada en Puerto Rico: las leyes españolas les exceptuaban de cualquier impuesto directo. Sin cubrir los gastos de ejército y armada, el presupuesto pedía y debía ascender a un millón. Y ascendía a tres millones próximos. Tal parece que la administración se propone matar al país.
La situación política es más grave aún. Existe una cámara que sólo representa a la minoría de los habitantes. Y ocurre ese fenómeno, que apenas se comprende bajo la bandera de una gran república, porque el gobernador quiso a todo trance que vencieran los republicanos en las elecciones. Lo cual se hizo en la forma siguiente:
El Consejo Ejecutivo —en que no figura ni un solo federal— dividió el territorio a su capricho, sin la igualdad numérica y sin la contigüidad geográfica que exige la Ley Foraker. No le bastó eso, y se reservó el derecho de nombrar a su arbitrio las mesas electorales. Dichas mesas se componían de tres hombres: un federal, un republicano y uno a quien se llamaba independiente; este último era siempre republicano. Y como las mesas inscribían o rechazaban electores también a su gusto, resultaban inscritos los republicanos y rechazados los federales. De tal modo no va a las urnas un partido digno. Y los federales se retiraron. La Cámara es republicana: de un solo grupo: y el Consejo lo es así mismo. Tenemos, pues, legislando a los menos contra los más. Y de ese punto arranca el desequilibrio que reina por todas partes. Los republicanos cuentan con la masa obrera y con el elemento sin ocupación de las ciudades. Ahí reside su fuerza. Los federales cuentan con la masa trabajadora de los campos, con los propietarios de la tierra y con los que manejan el comercio. Ahí reside su influjo. Los que poseen algo están bajo los que no poseen nada. Y mientras eso dure, nadie negará que no puede sentirse satisfecho un pueblo representado por una turba.
Las consecuencias van surgiendo con rapidez. La organización económica, judicial y administrativa está hecha para destruir al partido federal, único que censuró, hasta hace poco, los desaciertos del gobernador. La ley Hollander —y así se ha escrito en los periódicos republicanos— constituye un castigo PARA LOS RICOS, es a saber, para los federales; en las Cortes de distrito se reemplaza a los jueces federales de alta reputación, con jueces republicanos imberbes, recién salidos de las universidades; en la policía no hay un federal, ni en las oficinas del gobierno tampoco. Así resulta que los tribunales no brindan garantía, porque son tribunales políticos; que la contribución se repartió con el fin de satisfacer venganzas indignas y que sobre los ciudadanos pesa el peligro de ser atropellados por la policía.
Se dieron muchos casos. Se llegó y se llega al extremo de detener en las calles a hombres honorables para registrarles públicamente y ver si llevan armas; si las llevan se les encarcela y se les multa, a veces con 45 días de trabajos forzados; si no las llevan, necesitan conformarse con sufrir el vejámenes del registro. Más todavía; en algunas poblaciones los guardias insulares —en el nombre de la policía— han detenido a muchas personas por EL DELITO de encontrarse paseando tranquilas después de las diez de la noche.
Pero lo más grave es que con España teníamos un Consejo de Secretarios, exclusivamente puerto-riqueño, que gobernaba y administraba la isla con autoridad completa e indiscutible, en tanto que con los Estados Unidos tenemos un Consejo Ejecutivo casi totalmente americano. Se declaraba entonces a los municipios autónomos en absoluto: hoy se les reduce a corporaciones que no pueden elegir sus médicos, ni sus maestros, ni su policía, ni imponer ni recaudar sus tributos. Las libertades municipales desaparecen. Y lo raro es que aquello que nos dio España sin tenerlo ella en sus provincias europeas, nos lo arrebatan los Estados Unidos, cuyos municipios son tan libres.
En ciudades como Humacao, Arecibo y Utuado, donde casi no hay republicanos, se nombra jueces de policía republicanos. En Vega alta hay un republicano, UNO SOLO, y a ese se elige juez de policía, a pesar de la protesta de seis mil vecinos. No se conoce tiranía mayor que esta ni en Polonia, ni en Irlanda, ni en Alsacia-Lorena. Yo supongo que el Presidente McKinley ignora lo que se hace en su nombre. Si lo supiera, no consentiría, desde luego, que se desacreditase de tal manera su administración. Puerto-Rico ha resuelto apelar al pueblo de los Estados Unidos y al mismo presidente, fundando en Nueva York un periódico que lleve su nombre y diga la verdad en inglés y en castellano. Ese periódico empezará pronto a publicarse. Y por el honor nacional, y por el triunfo de la justicia, es necesario que la verdad se lea y que el pasado se rectifique.
CORRESPONSAL.
San Juan, Puerto Rico, Julio 3 de 1901.
Análisis del contexto histórico de este artículo
Este texto es un documento histórico de gran valor que retrata la profunda crisis social, económica y política que vivía Puerto Rico en 1901, apenas tres años después de la ocupación estadounidense (1898) y bajo el marco de la Ley Foraker.
Análisis de los puntos clave del artículo:
1. La Agonía Económica y la Ley Hollander
El corresponsal describe una economía en colapso. Menciona que la producción de café cayó de 12 millones a 3 millones de dólares, una cifra devastadora para la época.
* La Ley Hollander: El texto critica duramente esta ley fiscal. El autor argumenta que los nuevos impuestos sobre la propiedad eran imposibles de pagar, lo que llevaría al embargo de fincas por parte del gobierno.
* Impacto Social: Se menciona un dato alarmante: la hambruna. El autor afirma que hay campesinos muriendo de hambre incluso en ciudades principales como Ponce y San Juan, lo que subraya la ineficacia de la nueva administración para gestionar la transición económica.
2. El Conflicto Político: Federales vs. Republicanos (Ambos Cooperadores [reticentes (federales), complacientes (republicanos)] tras Invasión/Diferencia Radica en que uno Representaba a Terratenientes y el otro al Proletariado; a los estadounidenses les interesaba despojar a los terratenientes para su propio beneficio, no el de las incondicionales turbas republicanas ciegas de Celso Barbosa)
El artículo expone la fractura entre los dos bandos principales de la época:
* Partido Federal: Representaba a los propietarios de tierras, comerciantes y la élite económica. El autor favorece claramente esta postura, quejándose de que son perseguidos y excluidos del poder.
* Partido Republicano: Según el texto, este bando contaba con el apoyo del Gobernador (Charles H. Allen) y de las clases obreras urbanas. El autor los acusa de controlar las mesas electorales mediante «fraude» y de ocupar todos los puestos públicos.
3. La Pérdida de Autonomía
Uno de los puntos más interesantes es la comparación con el régimen español. El autor señala una ironía histórica: bajo la Carta Autonómica de España de 1897, Puerto Rico tenía más control sobre sus asuntos internos (un Consejo de Secretarios puertorriqueño) que bajo el dominio de Estados Unidos, donde el Consejo Ejecutivo era «casi totalmente americano».
* Denuncia la pérdida de libertad municipal: los pueblos ya no podían elegir ni a sus propios médicos o maestros.
4. Crítica al Sistema Judicial y Policial
El autor describe un ambiente de estado policial:
* Menciona registros arbitrarios en las calles y arrestos por «el delito» de caminar después de las diez de la noche (toques de queda implícitos).
* Acusa al gobierno de sustituir a jueces experimentados por «jueces republicanos imberbes» recién graduados, convirtiendo la justicia en una herramienta de persecución política.
5. El Llamado a la Nación Americana
El cierre del artículo es un recurso común en la época: apelar directamente al idealismo del pueblo estadounidense y al Presidente McKinley. El autor sugiere que el presidente no sabe lo que ocurre en la isla («supongo que… ignora lo que se hace en su nombre») y anuncia la creación de un periódico en Nueva York para denunciar estos abusos en ambos idiomas.
Contexto adicional: El periódico que menciona el autor es el «Puerto Rico Herald», fundado en Nueva York por Luis Muñoz Rivera (líder de los Federales) precisamente para llevar estas quejas al público estadounidense.
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Bueno Agui en PR todo está súper bien caras la vivienda y compra y gas por culpa EE.UU