Así fue como a España se le forzó a ceder Puerto Rico

Programa Comunidad Autónoma de Puerto Rico

GUERRA HISPANO ESTADOUNIDENSE

Ya al principio de la guerra, Inglaterra y Francia intentaron una mediación entre los dos contendientes cuando vieron que la presunta ¨lucha por los derechos de las colonias españolas a la independencia¨ ocultaba el deseo de los estadounidenses de hacerse con el control del Pacífico y el Caribe, en detrimento de las potencias europeas. En aplicación de la Doctrina Monroe, “América para los americanos “, McKinley rechazó la intervención europea en el deseo de prolongar la guerra. Cuanto más durase ésta, más posibilidades habría de empezar la senda hacia la hegemonía mundial. Fue en este momento cuando Europa empezó a sospechar que América sería para los EE.UU. también.

Las derrotas en Santiago de Cuba y Cavite y los desembarcos estadounidenses en Puerto Rico, Cuba y Filipinas hacían insostenible la posición española en la guerra. El Gobierno liberal de Sagasta comprendió que nada podía hacerse por reforzar a sus tropas en los dominios de ultramar sin una marina capaz de forzar el bloqueo estadounidense. A ello había que añadir la posibilidad y amenaza de un ataque de EE.UU. a las Islas Canarias y al Estrecho de Gibraltar, algo que preocupaba no sólo al Gobierno español, sino también a Francia e Inglaterra. Tras vencer la resistencia del ejército, que quería seguir combatiendo, Sagasta pidió a Francia que sondeara la posibilidad de llegar a un acuerdo de paz con los EE.UU. El 18 de julio de 1898, el Ministro de Estado español, Duque de Almodóvar del Río, solicita autorización al Gobierno francés para que su embajador en Washington, Jules Cambon, entregara al Presidente estadounidense un mensaje solicitando la suspensión de las hostilidades. Se autorizó igualmente, que Jules Cambon pudiera responder, a nombre de España, a las propuestas de EE.UU.

Inicialmente el gobierno de Sagasta aceptaba, que Estados Unidos quisiera controlar a Cuba; los EE.UU. deberían hacerse cargo de la deuda cubana y se ofreció el pago de una indemnización de guerra siempre y cuando ésta fuera razonable. La nota de Cambon, entregada el día 26 de julio, fue contestada cuatro días más tarde. El Presidente McKinley solicitaba:

1º.- Retirada de España de todos los territorios en América.

2º.- Método de negociación: España debía aprobar o rechazar las propuestas estadounidenses sin cambiarlas. Si no aceptaba, la guerra continuaría con la amenaza de intervenir en Canarias y el Estrecho de Gibraltar.

3º.- Dejar para la conferencia de paz el futuro de Filipinas.

4º.- Recibir como indemnización de guerra a Puerto Rico y Guam.

Tras una discusión de dos horas Cambon sólo consiguió el compromiso de cesar las hostilidades en el momento en que el gobierno español aceptara la propuesta o imposición de EE.UU. También dio seguridades de que EE.UU. no quería las Filipinas sino sólo una estación carbonera.

El Gobierno español redactó una contrapropuesta: Deseaba que se aclarara más la cuestión de Filipinas e insistía en mantener Puerto Rico por motivos de apego sentimental, cediendo como indemnización de guerra alguna isla del Pacífico.

El gobierno de McKinley respondió el 2 de agosto añadiendo a las anteriores exigencias, la evacuación militar inmediata de Cuba y Puerto Rico. La retirada antes de firmar la paz suponía perder las ventajas militares de cara a una posterior negociación. Ante la resistencia española a aceptar tan draconianas condiciones, McKinley amenazó con extender la guerra al territorio peninsular de España. Para evitar la amenaza, el Gobierno español aceptó que Cambon firmara, el 12 de agosto, a nombre de España, el Protocolo de Washington en el que se reproducían las exigencias estadounidenses y se acordaba negociar en París un tratado de paz.

Las aspiraciones imperialistas se hicieron evidentes cuando se conoció la composición de la delegación de EE.UU. Tres de sus miembros, pertenecientes al Partido Republicano, eran fervientes partidarios de la doctrina Mahan y del expansionismo colonial. Otro, perteneciente al Partido Demócrata, era contrario a tales deseos. El tercero, el Ex-secretario de Estado W. R. Day, estaba a las órdenes de lo que decidiera McKinley que era quien llevaba la batuta de la negociación. La delegación española estaba presidida por Eugenio Montero Ríos, Presidente del Senado, e integrada por cuatro miembros del Partido Liberal en el Gobierno.

El día 1 de octubre de 1898 se inicia en París la conferencia de paz entre las delegaciones española y estadounidense. Las instrucciones de la Delegación americana eran el cumplimiento estricto del Protocolo de Washington y extender la jurisdicción sobre la Isla de Luzón reteniendo Manila. La Delegación española había recibido instrucciones de reducir las pretensiones estadounidenses y obtener la mayor cantidad posible de dinero por la venta de las Islas del Pacífico.

En la primera sesión la delegación española pidió aclaraciones sobre el futuro de las Filipinas y de la deuda cubana. Los americanos se negaron a tratar estas cuestiones. Durante varios días las negociaciones quedaron en punto muerto hasta que el Presidente de la Delegación estadounidense aceptó tratar primero el futuro de las Filipinas. En este punto la delegación de EE.UU. estaba dividida. Mientras tres miembros eran partidarios de la anexión gratuita de todas las Filipinas, otros dos se opusieron a ello. Se solicitaron instrucciones a McKinley que ordenó que se impusiera la anexión de Filipinas. Cuando el presidente de la delegación estadounidense comunicó la intención de anexionarse gratuitamente las Filipinas, la delegación española protestó por entender que se violaba el acuerdo previo de Washington que sólo preveía una estación carbonera.

El Gobierno español intentaba conseguir el apoyo del Gobierno Inglés para frenar las pretensiones de Washington. Se ofreció una parte de las Filipinas a cambio de presionar al gobierno estadounidense para que asumiera la deuda cubana y no se anexionara las Filipinas. Sin embargo el Gobierno inglés no era partidario de obstaculizar las ambiciones de EE.UU. El 21 de noviembre los estadounidenses hacen la oferta final. España debe abandonar Cuba, ceder Puerto Rico como indemnización de guerra, vender Filipinas a cambio de 20 millones de dólares y, además ceder la isla de Guam en las Marianas. Los estadounidenses no se hacían cargo de las deudas coloniales, que deberían ser pagadas por España. La oferta era definitiva y su rechazo supondría el fin de las negociaciones y el reinicio de la guerra. El 28 de noviembre la delegación española manifestó la conformidad con la propuesta ya que no contaba con el apoyo de las potencias europeas. El 10 de diciembre se firmaba el tratado de paz. Sólo quedaba el epílogo de la venta de las demás islas del Pacífico a Alemania por 25 millones de marcos que se realizó en 1899. España volvía a sus fronteras de 1492.

Al final, las guerras se ganan o se pierden en las negociaciones…..y aqui otra vez mas, se perdió.

Enlaces Relacionados:

Crónicas de la Guerra Hispanoamericana en Puerto Rico

El Tratado de París y la Cesión de Puerto Rico a EEUU

El Desastre del 1898: Fin de un Imperio

 

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