El fatídico día en que España perdió Cuba, Puerto Rico y Filipinas

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Programa para la Comunidad Autónoma de Puerto Rico

Un trasfondo sobre el infame Tratado de París de 1898.

El 10 de diciembre de 1898, tras firmar el Tratado de París (1898), España  perdió la soberanía sobre Cuba, Puerto Rico y Filipinas a favor de EE.UU. Además cede las demás plazas de soberanía española en las Indias Occidentales y la isla de Guam en las Marianas. En el Tratado los EE. UU.  se compromete a conceder la independencia a Cuba.

El fatídico desenlace para el imperio de ultramar español comenzó el 15 febrero de ese mismo año en que el Maine, un buque de la armada estadounidense, estalló en la bahía de  La  Habana, cuando Cuba era una provincia española de ultramar.

EE. UU. interpretó la destrucción del buque como un ataque español. Posteriormente se determinó que la explosión ocurrió dentro del propio buque. EE. UU. había intentado con anterioridad en varias ocasiones de comprar a Cuba y Puerto Rico, lo cual fue rechazado tajantemente por España.

 

¿Interesaban los Estados Unidos a Puerto Rico antes de 1898?

Aprovechando la situación, comenzó una ofensiva militar que forzó a España a firmar un tratado de paz que supuso renunciar a Cuba; entregar Filipinas a cambio de 20 millones de dólares, ceder a Puerto Rico y Guam a EE. UU. como compensación por sus pérdidas por motivo de la guerra. El Tratado pone fin al régimen español, tanto en la isla de Puerto Rico como en el resto de los territorios españoles en el Caribe y en la región del Pacífico.

Antes de la invasión del 25 de julio de 1898, Puerto Rico comenzaba una relación de Gobierno Autónomo, bajo España. De hecho, durante esos días el pueblo puertorriqueño organizaba su gobierno. La Reforma Autonómica de 1897 contenía entre otras provisiones la Carta Autonómica, que reconoció el derecho de los ciudadanos de la Provincia de Puerto Rico a gobernarse por sí mismos en una relación estrecha con el Gobierno de España. La Reina regente, María Cristina, extendió esta Carta Autonómica, así como la Constitución Española. Sin embargo, a pesar de que  se emitió el decreto con rapidez, el mismo no concluyó el trámite legislativo de rigor. Pero parte de sus disposiciones entraron en vigor inmediatamente. La Carta Autonómica, de por sí, era  un enorme adelanto que concedió España.

Por cosas del destino, pero no sorpresa, los puertorriqueños no pudieron disfrutar de aquel régimen por mucho tiempo. Prontamente las tropas invasoras del general, Nelson A. Miles entraron por Guánica e iniciaron de esta manera la caída del régimen español en Puerto Rico. Ya para el 18 de octubre de 1898, España entrega la plaza a los militares estadounidenses. Esa entrega y el mando militar es otra historia.

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Por virtud de dicho Tratado, tanto Estados Unidos como España renuncian a toda reclamación de indemnización por conceptos de gastos de guerra. España renuncia y cede tanto en Puerto Rico, así como en las otras islas antes mencionadas, todos los edificios, muelles y todos los bienes que al momento del armisticio era de su propiedad. España perdía así todas sus posesiones de más de cuatro siglos; el mismo Tratado le otorgó la oportunidad de “establecer Agentes Consulares en los puertos y plazas de los territorios cuya renuncia y cesión es objeto de esta Tratado.” Además, ambos estados se concedieron la oportunidad de que su marina mercante, durante diez años, tuviera el mismo trato en cuanto a derechos de puertos, aunque en el caso de Puerto Rico las leyes de  cabotaje impidieron a los puertorriqueños utilizar otra marina que no fuera la de Estados Unidos.

En cuanto a Cuba, el Tratado dispuso que EE. UU. “… tomarán sobre sí y cumplirán las obligaciones que por el hecho de ocuparla, le impone el Derecho Internacional, para la protección de vidas y haciendas.” El plan estadounidense con Cuba era obvio, ocupar la Isla para luego otorgarle su “independencia”, pero navegando bajo los intereses económicos de los EE. UU., intereses que convirtieron a Cuba en una república neocolonial y sus vicios. A la nominal República de Cuba, una vez terminada la ocupación estadounidense según el Tratado de París, se le impuso en su constitución un apéndice (la llamada Enmienda Platt). Un acto aprobado por el Congreso de Washington que convertía a Cuba en un protectorado donde se reservaban el derecho a intervenir siempre y cuando lo estimaran necesario. Adicionalmente, se le ataba económicamente a Estados Unidos por un conjunto de tratados eufemísticamente llamados «de reciprocidad» firmados más adelante. Es decir, una independencia condicionada donde EE. UU. se beneficiará económicamente de la producción cubana y hasta impuso eventualmente al pueblo cubano dos dictadores afines a sus intereses. A la postre, Cuba dejó de ser la Perla del Caribe español y se convertiría en el gran garito, vertedero y prostíbulo por excelencia de la mafia estadounidense. Las compañías fruteras del continente camparían a sus anchas practicando una cuasi esclavitud contra la población local, mientras una feroces dictaduras se abatían sobre el castigado pueblo.

Durante casi un mes, las negociaciones giraron en torno a Cuba. Los dirigentes de EE. UU. temían que tras la larga campaña propagandística llevada a cabo en los medios de comunicación de EE. UU., la opinión pública se volviera en su contra si hubieran pretendido anexionarse la isla, como hicieron con Puerto Rico, Guam y las Filipinas. Otro tema que se puso sobre la mesa de negociaciones fue la deuda nacional cubana, que ascendía a más de cuatrocientos millones de dólares. España se negó a aceptarla, pero al final no tuvo otra opción y la responsabilidad de la deuda tuvo que ser asumida por España, bajo el concepto anglosajón de “deuda odiosa colonial”. Sin embargo, Puerto Rico no tenía deuda al momento de la invasión, si bien los erarios de la isla se utilizaron para sufragar la Guerra de Cuba.

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Representación Gráfica de la Alianza entre Gran Bretaña y EE. UU.: Brittania y Columbia

Tanto la imposición a la Provincia de Puerto Rico de un régimen colonial indefinido, como la “independencia” (república neo-colonial) de Cuba, fueron negociados en el Pacto de Miranda acordado en 1799. Este proveía para la no intervención en  los asuntos de Cuba  y Puerto Rico  entre anglosajones y secesionistas hispanoamericanos. Un acuerdo que se esconde en la historia de las repúblicas hispanoamericanas y que para Puerto Rico fue una vergüenza y una traición. Francisco de Miranda, considerado héroe por las repúblicas hispanoamericanas se reúne en París con agentes secretos estadounidenses y británicos en el 1799, apenas nacida la república de EEUU (cuando eran tan sólo el territorio de las 13 colonias). Allí negocia el financiamiento, armamento, barcos, soldados y apoyo para las secesiones hispanoamericanas. En ese momento se dispuso el precio que se iba pagar y Francisco  de Miranda negoció. Este negoció la entrega de la Provincia de Puerto Rico indefinidamente como colonia  a EE. UU., entre otros privilegios concedidos. En ese Pacto de Miranda se consigna el precio que iba a pagar Puerto Rico por la triple traición de los secesionistas hispanoamericanos. Se iba a independizar a Cuba pero se iba a entregar Puerto Rico para que lo invadiera EE.  UU.  o  Inglaterra.

En 1799, Alexander Hamilton (al que irónicamente el puertorriqueño Lin Manuel Miranda le  dedica y hace famosa una obra de teatro en Broadway), discutía que EE.UU. procurara la manera  de lograr una alianza estratégica con Inglaterra y conseguir un lugar desde donde lanzar su imperio mundial. Esto en una época en cuyo territorio apenas consistía de 13 colonias en la costa este de Norteamérica.  Decía que necesitaban de una isla estratégicamente ubicada en la ruta de los vientos y los barcos, y que había dos islas que podían servir para lanzar esa aventura mundial, Cuba o Puerto Rico. Cuba era demasiado grande para este propósito, y su población muy grande y negra, pues lo que necesitaban era el punto de lanzamiento de una aventura interoceánica. Este era el interés en el sector de Hamilton y los intereses navales, que representaba los intereses navieros y de comercio exterior. Consideraban que era buen negocio entregar todo el continente si se quedaban con una isla como llave de ese continente. Pues así que se negoció las secesiones hispanoamericanas, a cambio de la Cenicienta del Caribe, entregando la Provincia de Puerto Rico al colonialismo indefinido de EE. UU. Simón Bolívar desconocía del Pacto de Miranda, se pelea con Francisco de Miranda y repudia el Pacto de Miranda, no lo acepta. Esto desata una de las batallas navales más atroces en la historia de la humanidad hasta aquel entonces e impulsa a EE. UU. e Inglaterra en sus intenciones de desmembrar a la Gran Colombia a la que consideraban una amenaza para sus intereses geopolíticos e imperiales.

El Tratado no definió de antemano el rumbo puertorriqueño en su relación política,  cosa  que  vemos marcadamente con los propósitos hacia Cuba. Tenemos que añadir que esta última  fue objeto de discusión en el Congreso. Cuba, es un asunto interesante de estudio. El Artículo 16 del Tratado de París dispuso la intervención de los Estados Unidos en dicha Isla: “… está limitada al tiempo que dure su ocupación en esta isla. Pero al terminar dicha ocupación, aconsejarán al Gobierno que se establezca en esta isla que acepte las mismas obligaciones.” Los Ministros Plenipotenciarios que negociaron este Tratado, ya mantenían desde el principio del mismo una opinión respecto a Cuba. Esa Isla iba a ser “independiente”.

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El caso de Puerto Rico tomará un rumbo diferente al de Cuba y Filipinas. Si bien es cierto que en el Tratado de París, España renuncia a Puerto Rico, no es menos cierto que el interés de los Estados Unidos al momento de la toma el 18 de octubre de 1898, era más bien utilizar la Isla para  propósitos militares y enviar un mensaje a los países europeos de que no intervinieran en las Américas y nace una nueva potencia. Puerto Rico sería el puente perfecto para la defensa. Washington cultivó a Puerto Rico como un enclave militar, guardando el Canal de Panamá tras conspirar con éxito para balcanizar a la Gran Colombia en países más pequeños y manejables, utilizando a los mismos traidores de las «independencias» y creando de la nada a Ecuador, Colombia, Venezuela (a la cual le robaron el Esequibo) y Panamá a la cual fácilmente controlaron y dominaron.

En  el 1917, el Congreso de Estados Unidos le impuso unilateralmente la ciudadanía estadounidense a los puertorriqueños pues Alemania intentaba hacerse con las Islas Danesas Occidentales (hoy Islas Vírgenes Estadounidenses). Entonces EE.UU. forzó la compra de las mismas a Dinamarca.  Pero  los daneses exigieron la concesión de la ciudadanía estadounidense a los residentes de las islas como condición de venta. En 1922 el Presidente del Tribunal Supremo de EE. UU., William Howard Taft (antes presidente de Estado Unidos) dictó el fallo mayoritario en el último Caso Insular sobre la relación entre EEUU y Puerto Rico, Balzac v. Porto Rico, concluyendo  que aunque los puertorriqueños  eran ciudadanos estadounidenses no tenían en la Isla todas las garantías de la Constitución de EE. UU. Puerto Rico continuaba “perteneciente a Estados Unidos, pero no era parte de EE. UU.”. Esta infamia del Tribunal Supremo de Estados Unidos del 1922 aún sigue vigente en el 2020.

Aunque durante las negociaciones España intentó incluir numerosas enmiendas y retener la Provincia de Puerto Rico, finalmente no tuvo más remedio que aceptar todas y cada una de   las unilaterales imposiciones estadounidenses. Había perdido la guerra y era consciente de que el superior poderío militar estadounidense amenazaba otras posesiones españolas en Europa y África. Advertencias que no titubearon en hacer los diplomáticos estadounidenses durante las negociaciones.

 

Puerto Rico en las Negociaciones Diplomáticas del ’98

Ahora bien, España y EE. UU. acordaron sin el consentimiento del pueblo de Puerto Rico el traspasar la Isla y sin condiciones favorables a los puertorriqueños. Esto no era de la predilección  de España que de inmediato cuestionó la retirada de la nacionalidad española a los puertorriqueños y sin compromisos de otorgarles la ciudadanía estadounidense, lo que dejaba a los puertorriqueños desprovistos de protecciones nacionales y derechos constitucionales. Es decir, se acordó en su Artículo 9 que “… los derechos civiles y la condición política de los habitantes naturales de los territorios aquí cedidos a los Estados Unidos se determinarán por el Congreso”. Esta cláusula austera y ambigua es la que mantiene hoy día la discusión del asunto puertorriqueño atado a los caprichos e indiferencia del Congreso de los Estados Unidos. Al día de hoy por virtud de esta ambigüedad y de los racistas casos insulares en la Corte Suprema de EE. UU., tanto Puerto Rico como los demás territorios pueden ser discriminados legalmente en todas las políticas, prácticas, programas y servicios del gobierno estadounidense.

Desde el principio tanto Casa Blanca como el Congreso no sabían que hacer con Puerto Rico. Ante la presión de líderes puertorriqueños de la época como Muñoz Rivera, Barbosa y otros, Estados Unidos se vio obligado a expresarse -a medias- sobre la condición política de Puerto Rico. Se aprobó la Ley Foraker, que trae un nuevo elemento jurídico a la política isleña de “ territorio no incorporado”; es decir, “pertenece a, pero no es parte de” los  Estados  Unidos. Como decía  Luis Muñoz Rivera en sus escritos: “somos de, pero no pertenecemos a; somos de y no somos de”, es de mi propiedad, pero no forma parte de nosotros. Es por ello que la Corte Suprema definió años más tarde que la relación de Puerto Rico era una de carácter territorial. Esto quiere decir que Puerto Rico no es un territorio incorporado. Si somos un territorio no incorporado desde 1898, los Senadores que votaron a favor del Tratado de París y las posteriores leyes, reconocieron que Puerto Rico jamás podía ser un estado de la Unión.

El siguiente paso tras la firma del Tratado fue la ratificación legislativa. Aunque en Madrid, las Cortes rechazaron el Tratado, la Reina regente procedió a firmarlo, pese a estar inhabilitada para  ello según el artículo 55 de la entonces vigente Constitución española de 1876. El texto literal del tratado fue el siguiente:

Art. 1.° España renuncia a todo derecho de soberanía y propiedad sobre Cuba. En atención a que dicha isla, cuando sea evacuada por España, va a ser ocupada por los Estados Unidos, éstos, mientras dure su ocupación, tomarán sobre sí y cumplirán las obligaciones que, por el hecho de ocuparla, les impone el derecho internacional para la protección de vidas y haciendas.

Art. 2.° España cede a los Estados Unidos la isla de Puerto Rico y las demás que están ahora bajo su soberanía en las Indias Occidentales, y la isla de Guam en el archipiélago de las Marianas o Ladrones.

Art. 3.° España cede a los Estados Unidos el archipiélago conocido por las Islas Filipinas […]. Los Estados Unidos pagarán a España la suma de veinte millones de dólares ($20.000.000) dentro de los tres meses después del canje de ratificaciones del presente Tratado.

Art. 6.° España, al ser firmado el presente tratado, pondrá en libertad a todos los prisioneros de guerra y a todos los detenidos o presos por delitos políticos a consecuencia de las insurrecciones en Cuba y en Filipinas, y de la guerra con los Estados Unidos. Recíprocamente, los Estados Unidos pondrán en libertad a todos los prisioneros de guerra hechos por las fuerzas americanas, y gestionarán la libertad de todos los prisioneros españoles en poder de los insurrectos de Cuba y Filipinas […].

Art. 9.° Los súbditos españoles, naturales de la península, residentes en el territorio cuya soberanía España renuncia o cede por el presente tratado, podrán permanecer en dicho territorio o marcharse de él, conservando en uno u otro caso todos sus derechos de propiedad, con inclusión del derecho de vender o disponer de tal propiedad o de sus productos; y además tendrán el derecho de ejercer su industria, comercio o profesión, sujetándose a este respecto a las leyes que sean aplicables a los demás extranjeros. En el caso de que permanezcan en el territorio, podrán conservar su nacionalidad española haciendo ante una oficina de registro, dentro de un año después del cambio de ratificaciones de este tratado, una declaración de su propósito de conservar dicha nacionalidad: a falta de esta declaración, se considerará que han renunciado dicha nacionalidad y adoptado la del territorio en el cual pueden residir.

Los derechos civiles y la condición política de los habitantes naturales de los territorios aquí cedidos a los Estados Unidos se determinarán por el Congreso.

Aunque España intentó negociar las injustas imposiciones estadounidenses, su inferioridad militar le obligó a aceptarlas todas a sabiendas que de negarse, no solo podrían perder los mencionados territorios de ultramar en una guerra ya perdida, sino también el resto de territorios españoles en Europa y África (principalmente las Islas Canarias, las Islas Baleares y Guinea Ecuatorial). Durante la guerra, el presidente de Estados Unidos, William McKinley había escrito la siguiente nota en una hoja de papel: «Mientras estemos librando la guerra y hasta su conclusión, debemos mantener todo lo que hayamos obtenido; cuando la guerra haya terminado, debemos conservar todo lo que queramos».

Concluye la Guerra Hispano-Estadounidense declarada en abril de aquel año, y cuyas actividades bélicas finalizaron el 12 de agosto con una de las últimas batallas desarrollada en la ciudad de Guayama en la que fuera la Provincia de Puerto Rico. Para los creyentes del expansionismo estadounidense, esta guerra representó una oportunidad para demostrar el poderío militar naval de los Estados Unidos y sus aspiraciones a ser una potencia mundial. Culminan de esta manera casi cien años de expansionismo expresado de diversas maneras por varios sectores de esa sociedad; desde el “Destino Manifesto”, la “Doctrina Monroe”, la “Compra de la Louisiana”,  la  “Adquisición de Oregon”, “California”, “Texas”, “Nuevo México”, entre otros territorios a lo largo de todo el siglo XIX. La adquisición de Puerto Rico representó para los Estados Unidos la culminación de sus ambiciones imperialistas. Lo que ha sido para los puertorriqueños, un dolor de cabeza que ha durado más de ciento veinte años.

De esa manera quedaba marcado el futuro de Cuba y Puerto Rico. Cuba una república fallida; Puerto Rico, más de 120 años después, continúa siendo una colonia estadounidense; Filipinas no vería reconocida su independencia hasta 1946.

Esto es solo un resumen que recoge la esencia de lo acontecido. Para saber más sobre los antecedentes, desarrollo y consecuencias de la Guerra hispano-estadounidense, echar un vistazo a la historia completa en Wikipedia (recomendamos la versión en inglés).

Fuentes Consultadas:

Fundación Voz del Centro:
El Tratado de París y la Cesión de Puerto Rico a los EEUU 
1824: La Primera Invasión Estadounidense en Puerto Rico: Pacto Miranda

LexJuris Puerto Rico:
Tratado de París de 1898

Los Casos Insulares del Tribunal Supremo de EEUU
La Reforma Autonómica de 1897
República Neocolonial de Cuba
Deuda Odiosa Colonial
Proceso Histórico del Tratado de París
La Enmienda Platt
Estados Unidos y la Gran Colombia: 1823 – 1826. Choque político y estratégico.


#Reunificacionistas #Adelante #PRexit
🇵🇷 🇪🇸 🇪🇺 Puerto Rico / España / Unión Europea

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4 comentarios sobre “El fatídico día en que España perdió Cuba, Puerto Rico y Filipinas

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