Proclama: sobre lo acontecido en el Grito de Lares 1868

8 OCTUBRE DE 1868


PARTE OFICIAL


A LOS HABITANTES

DE LA PROVINCIA DE PUERTO – RICO

CAPITÁN GENERAL Y GOBERNADOR SUPERIOR CIVIL,  Julián Juan Pavia Lacy

 

Desde el momento que tomé el mando de esta Antilla, me ocupé constantemente en cumplir las órdenes de S. M. la Reina (Q. D. G.) dirigidas a aliviar las calamidades que, efectos naturales habían acumulado sobre esta parte de la Monarquía. Bien lo habéis visto: dia y noche me dediqué a remediar vuestros males, a llevaros el consuelo a todas las comarcas y a reanimar el espíritu que estaba agobiado por las múltiples contrariedades que habíais sufrido, incluso la sequía que en los últimos meses se ha experimentado. Cuando tocabais el término de todas ellas, queriendo aprovechar esta situación especial y transitoria, repentinamente y sin premeditación anticipada, un corto número de industriales quebrados, de agricultores arruinados por sus vicios y vida liviana y licenciosa, en unión de algunos Venezolanos y Dominicanos que gozaban de generosa hospitalidad entre vosotros, todos habitantes de aquellos alrededores, se congregaron en la noche del 23 del pasado en el pueblo de LARES, situado en medio del núcleo de las montañas del centro de la parte Occidental de esta Provincia, arrastrando a unos cuantos jornaleros, la mayor parte por el terror. Después de algunas horas de dominar aquella localidad y de haber dado el grito de rebelión, se entregaron al robo y al saqueo: el Comerciante, el Industrial y el Hacendado pacífico fueron víctimas de la maldad de unos pocos que, mal armados y siguiendo el instinto de la depravación y de la perversidad, cometieron todo género de crímenes incluso el asesinato.

A la aproximación de la primera fuerza militar, abandonaron a LARES todos los que allí se habían reunido, volviendo a sus casas los que habían sido llevados violentamente, y huyendo a ocultar su crimen en las escabrosidades de las sierras circunvecinas, esa porción de individuos, hez y escoria inmunda del pueblo puerto-rriqueño. Errantes y perseguidos constantemente por la valiente fuerza militar, tanto Veterana como de Milicias, en unión con todos los vecinos honrados de aquella comarca, han sido cogidos sucesivamente todos, incluso el Venezolano Rojas que parecía ser el cabeza principal y que creyó salvarse en la oscuridad del monte, del pico más elevado de la Isla. Los aprehendidos con el arma en la mano, haciendo resistencia a la fuerza armada, serán juzgados por las Leyes militares, los demás han sido entregados a la Justicia Real ordinaria, y todos recibirán el severo castigo que las leyes imponen a los perturbadores y agitadores a la rebelión.

Queda terminado de una manera rápida lo ocurrido en LARES, cuyo hecho pasajero deseo se olvide, que yo os aseguro, no quedará uno sin sufrir la consecuencia de su intentona criminal.

Muchos motivos tenía para conocer vuestra lealtad hacia S. M. la Reina (Q. D. G.), vuestro respeto a las Leyes y vuestro amor a las instituciones que rigen en perfecta paz y tranquilidad esta parte preciosa de España: pero las pruebas y demostraciones públicas que en estos últimos días habéis dado de vuestra acrisolada lealtad, de vuestra decisión por la conservación del orden público se han elevado mucho más de lo que yo imaginar podía. De un confín a otro de la Provincia, no se ha oído más que un eco de indignación y de repulsión contra esos miserables de Lares, que rechazáis con todo vuestro corazón, como indignos de haber nacido en este pueblo de leales, por convicción y por interés. Acojo este momento para daros las gracias más cumplidas por la cooperación personal y pecuniaria que todos los pueblos y todas las clases de la Sociedad me habéis ofrecido en esta ocasión, y que no he aceptado porque fué suficiente una pequeña parte de los medios de que disponía, para hundir en su propio cráter a ese reducido número de miserables reunidos en Lares, y que intentaron perturbar vuestro ordinario sosiego.

Aprovecharé también esta ocasión, para ofrecer nuevamente a los pies del Trono, vuestra inquebrantable lealtad incrustada en vuestro ser, por la tradición de los Siglos. Entretanto vivid pacíficos, gozad de tranquilidad entregados al trabajo que es la base de las felicidades, la fuente de mayor riqueza y que es el sello de la moralidad de los pueblos,  y contad con que vela por el mantenimiento de estos preciosos beneficios.

Vuestro Capitán General y Gobernador Superior Civil, J. PAVIA.

Puerto – Rico 8 de Octubre de 1868.

 

COMENTARIO: El Grito de Lares de 1868 visto desde la perspectiva realista histórica, no pasó de ser una escaramuza en una localidad remota de la Isla, organizada por extranjeros (venezolanos y dominicanos) y glorificada por el sector del independentismo en Puerto Rico como el primero de todos sus fracasos en imponer su criterio a la mayoría de los puertorriqueños por medio del uso de la fuerza y/o violencia, a la imagen y semejanza de los secesionistas hispanoamericanos, a quienes aún hoy día idolatran, aquellos últimos que entregaron la Provincia de Puerto Rico a los anglosajones en el Pacto Miranda de 1799 como PAGO por armamentos, soldados, dinero y barcos para llevar a cabo sus impopulares secesiones, hoy día TODAS son repúblicas neocoloniales con la excepción de la Cuba comunista.

 

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